by @avestruzeterea | Feb 8, 2017
Poco a poco empieza a conocerse el contenido de la llamada entre Trump y EPN, esa a la que nuestro Canciller Padawan Videgaray se refirió como “constructiva”.
No sabremos si Dolia Estévez tuvo fuentes mexicanas (como ella afirmó, yo no le creo) o, como parece más probable, fue beneficiaria de una filtración intencionada, al igual que ABC y CNN.
Así pasamos de una amenaza de invasión militar (versión Dolia) a un comentario como al aire, tal vez como una bromilla (versión CNN). Sin decir que la versión de CNN era 100% fiel, Videgaray comentó que era mucho más acercada a la realidad que la de Dolia.
Entonces las dos facciones de nuestra comentocracia tuvieron su momento: la prensa progre empezó, tras la revelación del dúo Aristegui – Estévez, a decir que EPN era un pusilánime que recibía amenazas y bajaba la cabeza, y vayan ustedes a saber qué concesiones estuvo dispuesto a hacer que acabarían con la soberanía nacional.
Y luego, el sector más cómodo con el oficialismo contraatacó: como siempre, la versión era un invento chairo, y era más creíble la versión CNN que la de Dolia. No hubo una amenaza de invasión sino apenas una oferta de ayuda. Vade retro, AMLO. Perdiste una, Epigmenio. Aquí no pasó nada, sigan todos con sus vidas.
¿En serio? ¿Es normal que un presidente le diga a un homólogo “tu ejército no ha hecho un buen trabajo, mis soldados pueden hacerlo mejor”? No sé si hay muchos otros antecedentes de países “ofreciendo” su ejército para realizar labores de seguridad pública y “noqueo” de ciudadanos del país vecino, operando desde dentro de ese país. Pero no recuerdo ninguno.
Queda claro que Trump no se refería a mandar soldados a su propia frontera, a lo que en todo caso tiene derecho. Queda claro que Trump no se refería a apoyo de inteligencia o acuerdos tipo Iniciativa Mérida, que con la auditoría ordenada en su Acción Ejecutiva más bien parece querer enterrar. No. Él habló de que soldados estadounidenses se hicieran cargo de algo que ni siquiera debería ser responsabilidad del ejército mexicano, que es el combate al crimen organizado.
Esa “oferta”, aunque no haya sido de amenaza, aunque no la haya dicho en tono golpeado, aunque no haya dejado a EPN balbuceando, es completamente anormal. Viola la Constitución Mexicana. Pondría a soldados estadounidenses bajo el mando de oficiales mexicanos, o viceversa. Si un soldado estadounidense rastrea hasta su casa y mata al peor criminal mexicano, ¿no sería lisa y llanamente un homicidio? ¿O el monopolio legal de la fuerza pasará a ser duopolio estado mexicano – ejército estadounidense? ¿Estarán los soldados estadounidenses sujetos a las leyes y códigos castrenses mexicanos? No se necesita rascarle mucho para darse cuenta de que no es normal, lo diga Trump como lo diga, esa propuesta. Si Videgaray llama a eso “diálogo constructivo” y la prensa apaciblemente dice “aquí no hay nada que ver”, creo que no estamos entendiendo que no entendemos.
Si el problema del tráfico de personas, armas, drogas y contrabando es binacional, desde luego que hay que buscar opciones bilaterales. La cooperación entre vecinos y socios comerciales debería ser muy alta, en beneficio de ambos. Obviamente hay muchas cosas que podrían hacerse mejor, y está en el mayor interés de México tener la mejor relación posible con Estados Unidos.
Pero no, no es normal una amenaza de mandar a un ejército a hacer funciones de policía a otro país. No es normal calificar una llamada en donde se hace ese comentario como “constructiva”. Y no es normal que buena parte de la prensa diga “sí dijo lo de las tropas pero fue tan suavecito que casi ni se notó”. No.
A mí me preocupa mucho que Trump, una persona con profundos sentimientos antimexicanos, sea presidente de Estados Unidos. Y me preocupa más que sea EPN quien tenga que negociar con él, desde el lado mexicano. Si su principal referencia diplomática es el Canciller Padawan Videgaray, quien se muestra más afectuoso con Trump que Melania, pues ya entonces la preocupación se torna angustia.
No, EPN. No, Canciller Padawan. No, prensa alineada. No es normal.
by @avestruzeterea | Feb 7, 2017
Hagamos un resumen rápido de la sabiduría común: Los “ingleses” dijeron cosas muy feas de los “mexicanos”. A partir de ese supuesto, algunos connacionales pasaron desde la abierta petición de censura y disculpa pública hasta quienes dijeron que en última instancia, varios de los adjetivos sí reflejaban parte de la realidad. Mucha gente se quejó de los estereotipos para acto seguido regresarle a los ingleses comentarios muy similares. Pocas personas repararon en el hecho de que la enorme mayoría de los mexicanos terminaron enterándose de la existencia de un carro diseñado y hecho en nuestro país gracias a un programa de televisión pública inglesa (de los miles de millones de pesos que se gastaron en los festejos del Bicentenario, algo de promoción al respecto no hubiera estorbado).
Y desgraciadamente el ataque de chauvinismo que desató el programa se encaminó más en revanchas de adolescente (“la tuya en vinagre”) o en autocrítica generalizante (“algo de razón tienen”) que en seriamente evaluar la conveniencia de comprar un carro mexicano, que personalmente creo que es la mejor manera de enfocar la situación.
Pero vamos un paso más atrás: Creo que la mayor parte de la gente está partiendo de dos premisas falsas, ambas referidas a conceptos que intuitivamente tenemos pero que no encuentran sustento en la realidad:
1. “Los ingleses dijeron”: Los ingleses no dijeron nada. Dos conductores de televisión que ocurre que son ingleses, junto con otro que ocurre que es escocés, con la venia de un productor australiano, hicieron chistes que estereotipaban a los mexicanos. Los comentarios no vinieron de todos los ingleses, ni de la mayor parte de ellos. No fueron hechos por el Primer Ministro ni por la Reina. La cadena BBC no suscribió los comentarios. Al final, tres conductores utilizaron su humor con respecto a un tema, en uso de su libertad de expresión.
2. Más importante aún: El término “los mexicanos” como tal es una entelequia. ¿Hay mexicanos flojos? Desde luego que sí. También hay otros muy activos. ¿Hay húngaros obesos? Desde luego que sí, y también los hay flacos. ¿Hay filipinos que despierten y que no les agrade saberse filipinos? Seguro. También habrá en Filipinas quien cada mañana agradezca a su dios o al destino el haber nacido con esa nacionalidad.
Porque la única característica que verdaderamente tenemos en común los mexicanos es que aplicamos alguno de los supuestos del Artículo 30 de la Constitución. Nacimos en territorio nacional, o nuestros padres lo hicieron, o seguimos un trámite de naturalización. Cualquier otro “sospechoso común” de ser la verdadera esencia de “lo mexicano” es falso.
Dentro del pequeño microcosmos de mis amigos en FACEBOOK, encuentro que en los últimos tres meses han participado en mi MURO (con ME GUSTA o comentarios) personas de religión católica, cristiana, testigos de Jehová, judíos y ateos. Dentro de varias de las clasificaciones anteriores ni siquiera hay homogeneidad: algunos católicos son más devotos y van a misa cada domingo, mientras que otros no podrían decir cuándo fue la última vez que se confesaron. Dentro de los cristianos, algunos nacieron con esa fe y otros eran católicos y terminaron convirtiéndose o están en proceso de. Algunos ateos se autodenominan agnósticos, otros ateos pensantes, otros ateos escépticos y por ahí tenemos un ignóstico. No es la religión (y mucho menos la Virgen de Guadalupe) un factor en común de “lo mexicano”.
Algunos de mis amigos nacieron en México y hoy viven fuera de nuestro territorio. Otros nacieron en otros países y por decisión propia o por trámites paternos terminaron siendo mexicanos. Ni vivir ni haber nacido en México es un factor en común.
Dentro de los estereotipos que en México generalmente usamos pero que ahora parece que nos dieron urticaria, a mí me ha tocado que me digan que no soy “un buen mexicano” porque no me gusta el tequila. A mi esposa sí le gusta. Pero a ella no le gusta la música de mariachi y a mí sí. La comida mexicana tiene buen prestigio internacional. Pero realmente tendríamos que estar hablando de comidas regionales, pues poco tiene que ver la cocina oaxaqueña con la duranguense. Un coctel de camarones en Veracruz es muy diferente al que podemos pedir en Sinaloa. A varios mexicanos no nos gusta la comida muy picante. Millones de personas siguen las tradiciones populares (posadas, día de muertos, día de la candelaria) pero otros millones no. Varios indígenas no hablan español, no tienen acta de nacimiento ni se saben el Himno Nacional. En lo personal, me gusta nuestra bandera pero el himno se me hace que requiere una renovadita. La letra completa se me hace de una época superada, el hecho de que haga referencia a Su Alteza Serenísima (buena jugada del autor de la letra: un presidente-dictador convoca a un concurso para el himno nacional y el señor Bocanegra le incluye una línea donde lo nombra “el guerrero inmortal de Zempoala”. No sorprendentemente, ganó el concurso) no parece reflejar adecuadamente nuestro panteón de héroes nacionales. Ser mexicano entonces no es tener una afición a cierta música, ni bebida, ni comida, ni hablar español, ni tener acta de nacimiento, ni querer a los símbolos patrios, ni saber cómo se llama el presidente. NADA. Si cumplimos los supuestos del Artículo 30 de la Constitución somos mexicanos, nos guste o no. Los que no los cumplen no lo son, aunque quieran serlo. No existen “los mexicanos”, existimos individuos de nacionalidad mexicana.
Entonces, comentarios como los realizados por Top Gear (no por “los ingleses”) tienen algo de razón y algo de no razón. Esos mismos adjetivos referidos a cualquier otra nacionalidad también serían atinados para unos individuos y falsos para otros. Las nombres colectivos ayudan para entender en términos generales algunos procesos históricos (es más fácil decir “la guerra entre Alemania y Francia” que detallar qué intereses, grupos y personas particulares formaron parte de una guerra en la cual un alto porcentaje de la gente de esos países ni participó ni se enteró) pero dejan de lado algo que desde el punto de vista de la ideología liberal es fundamental: existimos los INDIVIDUOS, no grupos homogéneos nacionales, étnicos o religiosos. Dentro de esa individualidad podemos ponernos el saco de lo que a cada quien nos quede, desechar lo que no y reaccionar a favor, en contra o con indiferencia a los comentarios hechos por conductores de un programa de tele.
Al final, el humor termina siendo una cuestión de estereotipos y de reírse de algo o de alguien. Cada uno de nosotros ponemos la línea que separa lo “chistoso” de lo “grosero”. Afortunadamente en Inglaterra y en México la libertad de expresión existe en los hechos, y las redes sociales permiten que millones de personas, como su servidor, escribamos nuestra opinión.
by @avestruzeterea | Feb 4, 2017
Matemáticas Priistas con GeometrHiga
Como es bien sabido y ha causado derramamientos múltiples de bilis, ayer llegó el nuevo avión de la Presidencia de la República (que no del presidente) a su casa en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Yo, para meter polémica, estoy de acuerdo con la adquisición del avión. Primero empecemos desmitificando el costo, que cuando compramos un automóvil no le agregamos los servicios, tenencias, refacciones, gasolina, aceite, líquido de frenos y cambio de llantas que le haremos los siguientes veinte años, mientras que en el precio que se menciona del avión sí se están considerando todos los gastos de su vida útil de, digamos, cuatro sexenios.
La seguridad de EPN es muy importante. Y no, no es lo que parece. No es una defensa de su persona. Es que mal que bien (mucho más mal que bien) él fue electo para ser presidente. Y si su avión se estampa y él se muere, de entrada Osorio Chong (por quien nadie votó) tomará la presidencia, y luego el congreso dominado por el PRI-Verde-PANAL elegiría a un presidente interino (por el que votarían cuando mucho 628 personas).
¿Recuerdan que la mayoría de los electores se abstuvo de votar? ¿Recuerdan la campaña del voto nulo? Pues con la pena, los ciudadanos no generamos en el congreso los contrapesos suficientes. Porque en lo personal preferiría que quien sustituyera a EPN fuera acordado entre el bloque oficial y al menos uno de los partidos de oposición, a que sea nada más el bloque oficial. No es que el PAN, PRD, Movimiento Ciudadano o MoReNa sean partidos inmaculados. Pero sí por lo menos descartarían a algunas opciones extremas en caso de que fueran necesarios para la votación. Pero no lo son. Si el viejo 757 de EPN tenía un accidente con consecuencias fatales, nos quedaban casi tres años bajo la presidencia de ¿Beltrones? ¿Moreira? ¿Fidel Herrera? ¿La Gaviota? Básicamente de quien quiera el conjunto de diputados y senadores del PRI-Verde-PANAL.
Entonces es mejor contar con un avión que minimice esa probabilidad. No debería ser ese un tema. ¿Y quién sabe? Tal vez al gobierno le encanta que esa sea la polémica. EPN no lo compró, EPN lo usará menos de la mitad de su sexenio, y otros presidentes lo seguirán usando varios sexenios más.
¿En dónde creo que debería estar la polémica? En el estacionamiento del avión. El hangar construido por Grupo HIGA. Aún imaginando que se le haya asignado sin favoritismo (jajajajajaja), que no hubo tráfico de influencias (jajajajajajajajaja) y que no le hayan metido importantes sobrecostos para repartir entre compadres (jajajajajajajajajajaja) pues la verdad es que las cuentas no dan. Nada.
El costo del hangar fue de $1,000,000,000. Mil millones de pesos. Para que el avión no se moje. Para que no le dé el polvo. Para que no lo pique un mosquito con chikungunya. Podemos suponer que el avión anterior estaba bien resguardado, y el nuevo mide apenas 10 metros más. ¿De verdad tenían que rehacer todo y gastarse mil millones, mismos que facturará quien hizo la Casa Blanca? ¿Por diez metros extra?
El aeropuerto actual de la ciudad de México será sustituido por uno que se inaugura el 20 de octubre de 2020. O sea que desde que llegó el avión (ayer) hasta que se mude pasarán 1,720 días.
Entonces el costo si el avión SIEMPRE duerme ahí es de $581,395.35. Más de medio millón de pesos por noche. ¿Está caro el valet parking, no? Más caro que hospedarse en un hotel en Dubái.
Pero la idea del avión es que sea utilizado. A EPN le gusta viajar hasta con el perico. Y viajar lejos. Vamos a pensar que en los casi cinco años que sigue abierto el AICM el avión duerme fuera de su hangar (ojo, recuerden escribir “hangar” con “h” de “HIGA”) durante 120 días. Suena conservador. ¿Pues qué creen? Que el costo por noche utilizada se va a $625,000 diarios. Ya quisieran el St. Regis o el Four Seasons tener esas tarifas. Y no sobre Reforma, sino en plena delegación Venustiano Carranza.
No se preocupen por el costo del avión. Es el de mercado. La seguridad de EPN es importante para los que son priistas e importantísima para los que no lo somos. No. Indígnense por el hangar que en adjudicación directo le dieron a Higa, y por el costo por noche que nuestros impuestos pagarán para que al 787 no se le vea ni una patinada de mosca.
by @avestruzeterea | Feb 2, 2017
Recórcholis con el recorte
Vamos a empezar diciendo que ante una baja tan importante en el precio del petróleo y por lo tanto de los ingresos del gobierno federal, el recorte como concepto es positivo, responsable y oportuno.
Si nada más van a leer hasta aquí ya pueden empezar a acusarme de servil lacayo de los poderes fácticos. Gracias por su lectura parcial.
Recortar era lo adecuado. Otro incremento de impuestos lucía criminal, más cuando por cálculo político EPN tomó la decisión de seguir cobrando a los mismos cautivos de siempre con su Reforma Fiscal.
Y subir la deuda tampoco era la mejor opción. De por sí EPN ha estado endeudando a México (Videgaray le llama “déficit presupuestal” porque “gastar hoy de más para que ustedes y sus hijos paguen la cuenta” sonaba poco eufónico) y no se necesita tener mucha memoria para recordar los desastres que hicieron los anteriores gobiernos priístas.
Llegó entonces el anuncio del recorte. Tras las generalidades y los constantes autoelogios de Videgaray, se presentaron algunas cifras que a mí me dejan algunas reflexiones y dudas.
La más importante es la que tiene que ver con el despilfarro que hacen de los impuestos, una de las razones por las que me vine a vivir a Suiza (curioso: mi familia y yo fuimos beneficiarios de la Reforma Fiscal). No sé a ustedes, pero a mí la idea de que el gobierno recorte $124,000,000,000 de gasto sin afectar un solo servicio público francamente me indigna. ¿Para qué gastaba eso en primer lugar? ¿Cómo puede sobrarle tanta grasa al presupuesto que un recorte de 0.7% del PIB no será percibido porque no afectará ninguna de las cosas para las que necesitamos al gobierno?
Otra inquietud es el destino de los recortes. Que la mitad del recorte se lo lleve PEMEX me preocupa. En números cerrados estamos produciendo un millón de barriles de petróleo diarios menos que hace 10 años. El impacto a las finanzas públicas por la baja del precio no es culpa del gobierno pero el impacto de la baja de producción sí. Hay culpa compartida con los gobiernos panistas, pero bajarle hoy el gasto de inversión a PEMEX no parece prudente.
Luego viene el tema de no reconocer el problema obvio e irse por la corrección política: si una familia gasta $20,000 al mes en educación, salud y alimentación y $500 en patrocinar carreras de armadillos, y de repente bajan sus ingresos en $2000, ni modo: hay que bajarle al gasto en educación, salud y alimentación. No, no estoy diciendo que haya que continuar con las carreras de armadillos. Pero eso no resuelve el fondo del problema. Pasa lo mismo con la disminución de los gastos en celulares. Gracias, detesto el modo abusivo con el que la élite gubernamental emplea sus celulares. Pero no es ésa la solución. Hay que irse a donde está el gasto fuerte, que son los sueldos de la burocracia, señaladamente maestros. Aquí estaba la oportunidad dorada para aplicar la Reforma Educativa. “A partir de este momento no se le paga sueldo y se rescinde el contrato sin responsabilidad por parte del gobierno federal a los 100,000 maestros aviadores, comisionados, faltistas y vándalos que están en nómina”. Algo así necesitamos. Sin embargo tanto la CNTE como el SNTE han demostrado el suficiente poder de movilización como para disuadir al gobierno de aplicar la ley.
Queda también para la reflexión el tema de los trenes. Cancelar definitivamente el Transpeninsular es buena idea, pues el proyecto original era fantásticamente malo. Suspender el de Querétaro tranquiliiza las aguas Higas, y seguir adelante con el de Toluca parece necedad. El secretario Ruiz Mateos hará menos ridículos defendiendo licitaciones amañadas y eso debe agradecerse.
La disminución del 10% en el gasto en promoción del gobierno federal va en el sentido correcto. Falta nada más hacer otro por el 90% restante y habrán hecho un buen trabajo.
Videgaray hizo un anuncio cuya magnitud pasó inadvertida: que el presupuesto de 2016 será Base Cero y no Inercial. Lo bueno es que la idea es sensacional: debemos construir el gasto público según criterios de eficiencia y racionalidad, y no seguir gastando en algo solo porque el año pasado apareció en el presupuesto. Lo malo es que no le creo. La cantidad de clientelas electorales, beneficios a la élite de poder, opacidad en las partidas y fuerza política de los afectados es más de lo que EPN quiere soportar. Seguiremos construyendo el presupuesto como hasta ahora, y a lo más que aspiraremos es a que se dejen de alimentar algunas de las partidas más ridículas.
En lo personal me gustaría que se eliminara la obligación de tener el retrato oficial del presidente y gobernadores en cada oficina pública. Que ya no se le encarguen adefesios (perdón, esculturas) a Sebastián. Que eliminen La Hora Nacional. Que reduzcan a la mitad el equipo de seguridad de los expresidentes y si quieren más guarros que los paguen de su pensión. Que no se convoque a las sesiones del Congreso en periódicos sino por correo electrónico. Que se eliminen 100 diputados y 32 senadores plurinominales. Que se reduzcan los municipios de 2400 a la décima parte. Que no se paguen asesores para temas que la estructura de la dependencia está obligada a conocer. Que dejen de pintar las ciudades cada cambio de gobierno de todos los colores de sus partidos políticos… y también verde. Que se eliminen los gastos en informes de labores de legisladores. Que ya no haya turismo legislativo. Que se cierren embajadas en países irrelevantes para México… desde luego puedo seguir, y estoy seguro que ustedes también. Pero vamos a recortar este artículo para estar en sintonía con el espíritu de los tiempos.
by @avestruzeterea | Ene 30, 2017
To Starbucks or not to Starbucks?
Para pocos es novedad que de hace una semana para acá hay un movimiento para que la gente deje de comprar productos gringos. Posiblemente uno de los casos que más se han usado es el de Starbucks, aunque Ford no se ha quedado muy atrás.
Los que están en contra han usado varios argumentos, algunos de los cuales incurren en una serie de falacias, sofismas y mentiras para disuadir a los que pretenden decir “adiós, [inserte nombre de marca gringa]”.
Desde luego que nadie me ha pedido mi opinión, pero ahí va.
EL ARGUMENTO DE LA PÉRDIDA DE EMPLEOS MEXICANOS
Starbucks México emplea casi exclusivamente a mexicanos. Digamos por simplificar que por cada 10,000 cafés vendidos adicionales, Starbucks contrata a un nuevo empleado. Si no se venden esos cafés, ese empleo no se generará. Del otro lado, por cada x porcentaje que le bajen las ventas a Starbucks, tendrá que despedir personal.
Eso es muy cierto.
Pero no se pierden empleos: los 10,000 cafés que no venderá Starbucks los venderá alguien más. Una empresa mexicana, coreana, azerbaiyana, colombiana, angoleña o lo que gusten. Da igual. Esa cafetería contratará al mexicano que Starbucks no. Igual esa cafetería invertirá, pagará renta, impuestos… lo único que habría es una pérdida de empleos mexicanos EN Starbucks que se compensará con empleos mexicanos EN otra cafetería. Nadie ha planteado que quien quiere un café de Starbucks se quede en su casa o cambie a té, simplemente que busque otra marca.
Lo mismo con Ford: la comisión que el vendedor mexicano de la agencia mexicana de Ford no va a cobrar porque alguien decidió comprar Honda, será cobrada por el vendedor mexicano de la agencia mexicana de Honda. El empleo cuando alguien opta por un sustituto no se crea ni se destruye: simplemente se transforma.
EL ARGUMENTO DEL PROTECCIONISMO
El proteccionismo es malo, nos dicen. Funciona mejor el libre mercado, repiten.
Y vaya que tienen razón. Estoy 100% a favor.
En lo que les falla el razonamiento es en pensar que la libérrima decisión de cada persona de comprar lo que decida es proteccionismo, cuando en cambio es lo opuesto. Si yo mañana decido cambiar Kellog’s por Nestlé (Hopp Schweiz!) no hay proteccionismo sino el uso de mi libertad.
Proteccionismo es impedir que Starbucks abra. Ponerle un impuesto confiscatorio. Multar a quien compre ahí. Agredir a quien vaya. Yo no he leído a nadie que lo pida. Que alguien decida comprar un producto – y no otro – no es proteccionismo. No te dejes engañar.
Gente a la que yo respeto mucho ha caído con esa idea. Pero ninguna decisión individual de consumo puede ser proteccionista. Imposible.
Y para cerrar este tema, es importante notar que uso “no gringo”, que no es lo mismo que “mexicano”. Si no estoy de acuerdo con el nacionalismo de Trump, no voy a caer en nacionalismo mexicano.
EL ARGUMENTO DEL ABSOLUTO
“Entonces qué”, dicen, “¿vas a quemar tu visa? ¿No vas a ver la NFL o Star Wars? ¿Vas a dejar de usar Whatsapp, Twitter y Facebook”.
Nuevamente, no he leído a nadie con una postura tan extrema. Yo interpreto la campaña como una reflexión sobre las decisiones de compra que tomamos, y el papel que la nacionalidad del producto tiene. Creo que la idea es que si encontramos productos no gringos que en nuestra opinión son equivalentes a los gringos que consumimos, podemos decidir comprarlos. Que la nacionalidad sea una de las variables. ¿Que la NFL es irresistible para ustedes? Véanla. ¿No pueden vivir sin Starbucks? No pasa nada. Pero si las ventas de productos gringos bajan 10%, la señal para empresas, franquiciatarios maestros y gente que busca empleo será importante: en igualdad, varios prefieren lo no gringo. Eso puede incrementar la presión de empresas estadounidenses a Trump, subiendo el costo de sus decisiones y retórica.
EL ARGUMENTO DEL FRACASO DEL BOICOT
Esta película ya la hemos visto antes. Televisa ahí sigue, Bimbo y Soriana también. No sé si Gael ya vuela en KLM pero miles de mexicanos lo hemos hecho desde que, todos lo vimos, no era penal.
¿Qué pasa si este boicot fracasa miserablemente? ¿Si nadie cambia sus hábitos de consumo? En mi opinión no pasa nada. Con que centenares de miles, tal vez millones de mexicanos, le dediquen unos minutos estas semanas a ver qué compran y por qué, creo que ganamos todos. Si al final resulta que por lo que sea (malinchismo, amor por Estados Unidos, buena calidad, fortaleza de marca) todos reafirman sus mismas decisiones de compra, creo que terminan mejor. Nunca estorba plantearnos preguntas sobre el origen, alternativas, ventajas, y cualesquiera otras características que cada uno considere relevantes.
Starbucks, por ejemplo, tiene su sede en una ciudad que votó abrumadoramente contra Trump. Además ha anunciado que contratará migrantes en Estados Unidos. ¿Pesa más eso, o pesa más el origen de la compañía? ¿O ninguno de esos factores es relevante? Que cada quien decida.
¿Yo qué voy a hacer? Sabido es por quienes me conocen que el estilo gringo, en varios aspectos, nunca me ha gustado. No haré mucho cambio: lo que compro de allá suele ser lo que considero claramente mejor que las alternativas, y así seguiré. No, no quemaré mi visa. Sí, me seguirán viendo con mis playeras del Hard Rock Cafe. Y en igualdad de circunstancias, preferiré lo no gringo.