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Lo que ves es lo que hay

Esto va dirigido a las personas que no siguen de cerca los temas políticos, y que más bien les da flojera cuando se habla, escribe o tuitea mucho del tema. Muchas de esas personas, sin embargo, detectan que en todos los elementos medibles relevantes, el país está empeorando.

México tiene hoy más pobres que en 2018.

En México hay hoy menos empleos formales que en 2018.

En México hay hoy más desigualdad que en 2018.

En México hay hoy menos inversión privada que en 2018.

En México hay hoy menos inversión pública que en 2018.

En México hay hoy más asesinatos que en 2018.

El gobierno de México es hoy menos transparente que en 2018.

El gobierno de México da hoy más asignaciones directas que las que se daban en 2018.

México ocupa los peores lugares en cuanto a manejo de pandemia. Murió más gente en proporción a su población que en casi todo el mundo, pero además la economía cayó y la pobreza creció más que en casi todo el mundo.

Y del otro lado, no hay UN defecto que tuvieran los gobiernos anteriores que no tengan también los actuales. Es decir, es cierto que antes había corrupción, nepotismo, contratistas consentidos y opacidad. Pero sigue habiendo todo eso, al menos al mismo nivel que antes.

No tiene caso abundar en el tema. No te encanta la política pero ves que el país no va por el buen camino. ¿Qué puedes hacer?

ENTRE HOY Y EL DOMINGO

Busca tu credencial de elector. Tal vez antes de la pandemia la tenías siempre a la mano por todos los trámites, pero puede ser que ya no. ¿La tienes localizada? Eso es algo concreto que puedes hacer. Una vez que la tengas contigo, revisa la dirección. Si es donde vives ahora, la casilla estará cerca de ti. Pero puede tener la dirección de tus papás, o donde vivías con el inútil de tu ex, incluso en la ciudad en la que vivías antes. En ese caso planea un viaje para poder votar. Puede costarte tiempo, dinero y esfuerzo pero créeme: vale la pena a cambio de tener contrapesos.

Una vez que tengas tus planes listos para votar, dado que no eres una persona a la que le guste dedicarle tiempo a la política y no vas a empezar ahora, te tengo una recomendación: elige un solo partido de entre PRI, PAN y PRD, y vota uno solo de ellos para diputado federal y local. Hay desde luego opciones para que puedas hacer una evaluación más a fondo de los candidatos y puedas tomar una decisión más informada. Ojalá tomes ese camino. Pero si te da flojera, entonces toma el más fácil: ¿Cuál de esos partidos te cae menos peor? ¿Cuál suele ser el fuerte en tus rumbos? Si vas a echar un volado, hazlo ahora y no cuando llegues a la casilla. No pierdas tiempo ese día ni te pongas a ver si los nombres de los candidatos se repiten en dos o tres de esos partidos (dependiendo de si hubo o no coalición).

Ya que tengas localizada tu credencial de elector, alistes tus planes para ir a votar, y hayas elegido a uno de los tres partidos que más probablemente serían contrapeso a la 4T, viene la parte que te va a gustar menos: trata de convencer a cinco personas de votar. Pero hay que hacerlo con estrategia.

¿Ubicas a tus conocidos, familiares, contactos en redes sociales, amigos, compañeros de trabajo o desconocidos con los que compartes chats de WhatsApp y ni siquiera te queda claro quiénes son, y que son declaradamente antipeje? No pierdas mucho tiempo con ellos. Convencidos ya están.

En cambio, ¿ubicas a los que a pesar de todas las evidencias siguen enamorados no de los resultados de la 4T (porque eso es imposible) pero sí de la idea que tenían de ella? Pues tampoco. No vas a hacer que tu tío chairo deje de serlo de aquí al domingo. No pierdas nada de tiempo con ellos.

Pero estoy seguro de que puedes pensar en cinco personas de más de 18 años con las que tienes contacto personal o en redes, y no hablan de política. La que te corta el pelo, la prima que solo parece tener tiempo para bailes de TikTok, el compañero de trabajo que solo habla de deportes, tu grupo de tejido, con las que compartes recetas de cocina, los del dominó, con los que tomas el café en la chamba… esas personas tal vez estén en la misma situación que tú: sabiendo que las cosas no van bien pero sin tener tanta claridad de qué pueden hacer en concreto.

Puedes pensar ahora que eso no tiene caso. Ni modo que la gente no sepa a estas alturas que hay elecciones el 6 de junio. Pues te sorprendería: en las elecciones intermedias, es decir en las que no se cambia presidente de la república, en general vota menos de la mitad de la gente que está en el padrón. Tú puedes ayudar a que personas de tu entorno tomen conciencia de la importancia del voto, y a su vez busquen su credencial de elector y elijan un partido de oposición para votar, y vayan por otros cinco más.

¿Qué pasa si extraviaste tu credencial de elector, te la robaron, de plano seguro está en tu casa pero no hay manera de encontrarla; o resulta que no tienes lana, vives ahora en Chetumal, la dirección de tu INE es en Durango y nomás no te alcanza para hacer el viaje? Ni modo. No vas a poder votar. Pero claro que puedes hacer mucho. En vez de tratar de convencer a cinco, pues dedícale un poco más de tiempo y trata de ir por diez. De ese modo puedes incidir aunque no puedas votar directamente.

PARA EL 7 DE JUNIO

Un último comentario. En este momento es muy importante tener en mente lo que se puede y lo que no se puede hacer. Estoy seguro de que aunque no sigas mucho el tema político, tienes varias ideas: tal vez opines que debería haber menos partidos, o que no haya plurinominales, o que no haya chapulines, o que debería haber más independientes o mejores opciones o que no sigan estando los mismos de siempre o que salario mínimo al presidente para que vea lo que se siente y lo que gustes y mandes. Está muy bien que te surjan ideas. Pero no pierdas de vista que lo que hay al día de hoy es lo que va a haber este domingo. Nada de lo que pienses, por genial que sea, se va a aplicar ahora.

El tiempo para filosofar, arreglar el mundo, y tratar de dejar de conformarse con el menos peor, empieza el 7 de junio y ojalá lo aprovechemos.

Pero HOY lo que hay es que votes, y convenzas a otros de que voten. No pierdas foco.

De bienes y males

Imaginen que un día se despiertan con la noticia de que se ganaron un premio. Cuando les hablan para darles la noticia (todo legal, no hay fraudes, no hay letra chiquita) les dicen que tienen dos opciones: que el premio sea de $1,000,000 o que sea de $2,000,000.

La decisión no parece tan complicada. Las dos opciones son buenas, y si toca elegir entre dos bienes, pues hay que elegir el mejor de ellos. En ese sentido la opción lógica es pedir los $2,000,000.

No tiene ciencia. No es difícil de entender. No deberían darle muchas vueltas. Si tienes que elegir entre dos cosas buenas, elige la mejor de ellas.

Bien.

Ahora imaginen que van por la calle y llevan $1,000 en la cartera / el bolso. De repente los rodean 15 asaltantes armados. Ustedes no tienen tiempo de reaccionar, no están armados, no son Chuck Norris, no pueden hacer una llamada telefónica ni pedir auxilio. Están a merced de los asaltantes. El líder de ellos les dice “tienes dos opciones: o te robo todo lo que traes, o te robo la mitad. Tú eliges”. En ese caso tampoco debería ser tan complejo: debes elegir de entre dos males, de entre dos cosas que no quieres, que te perjudican, que no son ideales. A nadie le gusta eso. Pero si estás en esa situación, pues la lógica dicta que es mejor pedir que te roben solo $500 a que te roben los $1,000. Claro, mejor no te hubieras metido al callejón, no debería haber asaltantes, ojalá hubiera estado ahí el FBI, te habría ido mejor si en vez de $1,000 llevas solo $200. Pero el caso es que ahí estabas con los $1,000 y que tenías que elegir entre dos males y, si eres sensato, vas a elegir el menos peor de los males.

Escribo estas líneas que me parecen groseramente obvias porque sigo leyendo, a menos de dos meses de las elecciones, que “no se trata de elegir al menos malo”.

Señoras, señores, señeres, SÍ. Sí se trata de elegir al menos malo. Menos malo es sinónimo de “mejor”. Siempre. Sea que el menú de opciones te parezca fabuloso o deleznable, sea que debas elegir entre bienes o entre males, da igual. Se debe evaluar las alternativas de mejor (o menos mala, que es lo mismo) a peor (o más mala, que es lo mismo), y a partir de ahí decidir.

Si alguien prende la televisión, pasea por los canales y las alternativas no le gustan, no está obligado a ver “lo menos peor”. Puede simplemente apagar la tele y abrir un libro, hablarle a un amigo, salir a pasear o perder el tiempo en las redes sociales. Ese alguien no tiene que ver algo que no le gusta si hay alternativas más allá de la tele.

Pero para el 6 de junio no es así.

Los partidos que ya existían antes de 2018 debieron haber postulado a mejores candidatos. Pero no lo hicieron.

Los partidos nuevos deberían tener propuestas frescas y perfiles ciudadanos valiosos. Pero no los tienen.

Debería haber otros partidos políticos que fueran el cauce adecuado de tus convicciones. Pero no los hay.

Pudo haber habido un gran número de candidatos independientes, emanados de la sociedad civil y libres de la partidocracia. Pero eso no pasó.

Aquí no le puedes hacer como en la tele, que simplemente la apagas y pasas el tiempo en otra cosa.

Los partidos que tienen al día de hoy registro nacional son los que estarán en la boleta el 6 de junio. Da igual si eso se te hace bueno o malo. No hay otros.

Los candidatos de mayoría relativa en tu distrito que esos partidos han registrado son los que estarán en el frente de la boleta el 6 de junio. Da igual si eso se te hace bueno o malo. No hay otros.

Los que están hoy en la lista de plurinominales son los que estarán en el reverso de la boleta el 6 de junio. Da igual si eso se te hace bueno o malo. No hay otros.

Entonces si crees que el 6 de junio no hay opciones muy buenas, te tengo una mala noticia: de ese menú saldrán tus legisladores. 

Te caiga bien o mal MORENA y sus partidos abiertamente satélites, estarán en la boleta.

Te caiga bien o mal PRI-PAN-PRD y la lógica detrás de su alianza opositora, estarán en la boleta.

Te caiga bien o mal Movimiento Ciudadano y la lógica de no estar en la alianza opositora, estará en la boleta.

Es lo que hay. No hay más. 

“Momento. Estás equivocado. Claro que tengo otra opción: puedo ir a anular mi voto, o no presentarme a votar, o votar por Pedro Infante dado que Pedrito no está muerto”. Pues no. Error. Claro que puedes hacer todo lo anterior. Es tu derecho. Si crees que ninguno de los que está merece tu voto y no quieres votar por el mal menor, pues hazlo.

¿Pero qué crees?

Que si tú y millones más anulan su voto, de todos modos quedan los que están ahora en la boleta.

Que si tú y millones más no van a votar, de todos modos quedan los que están ahora en la boleta.

Que si tú y millones más votan por Pedro Infante o por la mamá de Luis Miguel, de todos modos quedan los que están ahora en la boleta.

Si de verdad quieres escapar a ese destino, no lo logras anulando o con abstención. Lo logras dejando de vivir en México. Ahí sí te libras de las consecuencias de que de las opciones actuales salgan los diputados federales y locales.

Pero si no vas a emigrar, entonces vete haciendo a la idea de que del menú actual saldrán los diputados federales, locales, alcaldes y (en varios estados) gobernadores. Te gusten las alternativas o no.

Si me preguntan mi opinión, el escenario menos peor en la Cámara de Diputados y los congresos locales es que MORENA y satélites no tengan mayoría.

Y dada esa premisa, el menos peor de los votos es por la alianza opositora.

“¿Estás diciendo que esos tres partidos son buenos, honestos, ya se te olvidaron sus transas, qué no viste que postularon a los mismos de siempre?”. No. No estoy diciendo eso. No son óptimos, no son buenos, no son fabulosos, no son honestos, no siempre cada legislador de esos partidos ha votado contra las peores aberraciones de la 4T. Lo sé.

Pero si un día me asaltan y me dan la opción de que me roben todo o solo la mitad, voy a elegir lo segundo. No porque me guste que me quiten mi dinero. Sino porque me queda muy claro que si se tiene que elegir entre males, hay que elegir el mal menor.

Ya el 7 de junio vemos si se puede construir un par de buenas opciones para el 2024. Que los partidos presenten mejores perfiles, y que varios independientes empiecen a anunciar sus proyectos políticos. Ojalá el 2024 sea un año en el que podamos elegir entre 3 o 4 excelentes opciones.

En 2021 no será el caso.

Elijamos entre lo que hay. 

Vitamina L

Primer acto

En un planeta remoto, los habitantes de un país necesitaban consumir todos los días Vitamina L. Como parecía algo complejo e importante, el gobierno se quiso hacer cargo tanto de la producción como la distribución de la vitamina.

Entonces empezó a hacer plantas de Vitamina L utilizando las tres técnicas conocidas hasta entonces, y puso el precio de la Vitamina en $15 el frasco.

Dado que la población iba creciendo cada vez más, la demanda por Vitamina L (en adelante, VL) se fue haciendo cada vez mayor. Las plantas no se daban abasto, y además los costos de producción andaban sobre $15 el frasco (de repente hasta un poco más arriba). Dado que vender en $15 lo que produces en $15 no es un gran negocio, las plantas se fueron haciendo viejas, y no había recursos para hacer plantas con las nuevas tecnologías que podían llegar a ser más baratas.

Entonces alguien en el gobierno de ese país, en ese planeta remoto, tuvo una idea.

Segundo acto

La idea fue dejarle al gobierno la distribución de toda la vitamina a $15 (para evitar abusos), pero darle a los inversionistas privados la opción de construir sus propias plantas. Para el gobierno la decisión era ganar-ganar-ganar-ganar.

Ganaban porque se iba a detonar la inversión en nuevas plantas con cero riesgo para el gobierno. El inversionista compraba terrenos, contrataba gente, pagaba tecnología, compraba materiales de construcción, todo, bajo su propio riesgo. Si sus costos de producción terminaban siendo superiores a los de las plantas del gobierno, este no les compraba nada. Incluso aunque fueran más baratos que el gobierno, si la Planta Privada A era más cara que la Planta Privada B, entonces se le compraba a B.

Ganaban porque los privados podían entrar en nuevas tecnologías para producir la Vitamina L. De ese modo podría producirse más barato, y con menor huella ecológica.

Ganaban porque si los privados vendían la VL en $4, el gobierno de todos modos la vendía a $15. En vez de salir tablas o perderle un poquito, pasaban a ganar $11 por frasco, con inversión cero y riesgo cero.

Ganaban porque mientras más plantas privadas hubiera, con más diversidad de tecnología, y mayor cobertura del territorio nacional, la probabilidad de que todas esas plantas más las que conservaba el gobierno fallaran al mismo tiempo era muy remota, y ciertamente mucho menos probable a si solo había plantas del gobierno.

Por último, si al gobierno le interesaba mejorar la capacidad productiva de sus propias plantas, ahora tendría una excelente manera de hacerlo: reinvirtiendo las utilidades que les dejaba comprar a $4 lo que venderían a $15.

Había desde luego un asunto a considerar: la corrupción. ¿Qué tal que una de las plantas la hacía el compadre del gobernante, y se le diera un contrato de compra de VL a $25 el frasco? De ese modo la empresa del gobierno perdería mucho dinero, y los demás inversionistas se molestarían dado que sus plantas no recibirían contratos aunque fueran más baratas.

Entonces llegaron a una idea que parecía muy sensata: hacer subastas. “En el norte del país necesito para mañana 100,000 frascos. Se los compro a quien me los dé más baratos, no me importa si viene de plantas de la empresa del gobierno o de la del compadre o de una trasnacional o de una PYME. Voy a comprar de más barato a más caro hasta satisfacer los 100,000 frascos. Y luego hago lo mismo en el sur, el este y el oeste (el centro no porque el país tenía forma de Dona Bimbo, con el cariño de siempre. Pauta publicitaria pagada por el Osito Bimbo)”.

De ese modo, si por cualquier razón en una región determinada en una fecha específica las plantas del gobierno tenían mejores precios, se les compraba a ellos y no a privados. Si la opción más barata era una planta privada, luego una pública, luego otra pública y luego otra privada, se les compraba en ese orden hasta juntar la demanda necesaria. A medida que la mejor opción fuera la privada, se generaba una utilidad mayor en la empresa gubernamental con respecto a si se les hubiera comprado a sus propias plantas.

Esto se implementó en el país y sí: había más vitamina, hecha por más plantas diferentes, utilizando tecnologías diferentes entre ellas, más amigables con el medio ambiente, y a un precio mucho más barato.

Esta situación siguió así hasta que hubo un cambio en el gobierno.

Tercer acto

Al nuevo gobierno la situación no le gustó.

“Es que se privatizaron las plantas de Vitamina L”, dijeron. Sin embargo eso no era cierto. Todas las plantas que eran del gobierno, todas, seguían siendo del gobierno.

“Es que se le da prioridad a las plantas privadas”, dijeron. Sin embargo eso no era cierto. Se le daba prioridad a las que vendían más barato. Si muchas de ellas eran privadas significaba que podían entregar su producto a mejor precio que el gobierno.

“Es que con eso están descapitalizando a las plantas del gobierno”, dijeron. Sin embargo eso no era cierto. Si la empresa del gobierno vendía a $15 lo que producía a $15, estaba viviendo al día. Y cuando esa empresa del gobierno empezó a comprar en $4 lo que vendía a $15, se quedó con $11 por frasco. Y las ventas de frascos se contaban en millones cada día.

“Es que con esto nos ponemos en manos de las empresas privadas”, dijeron. Sin embargo no era cierto. Las plantas del gobierno seguían funcionando exactamente igual. Si una empresa privada se quería pasar de lanza y vender a $18, pues tan simple como que el gobierno mediante la subasta le compra a $15 a las plantas del gobierno. Además, con las utilidades que estaban obteniendo por comprar más barato, daba para que el gobierno pudiera construir muchas más plantas.

Ante tantos buenos argumentos a favor de continuar con la inversión privada usando el método de subastas para seguir entregando toda la VL necesaria, comprando a mejores precios, a muchas plantas diferentes que usan tecnologías diferentes, el gobierno decidió continuar con ese proceso.

No, es broma. El gobierno decidió revertir el proceso, dejar de comprar al que vende a $4 el frasco usando tecnología amigable con el medio ambiente, y empezar a comprar a sus propias plantas, sumamente contaminantes y obsoletas, a $17 el frasco.

Esta es la Reforma Energética explicada con frasquitos. La Vitamina L es la energía eléctrica, y estamos viendo en tiempo real cómo se pretende dejar atrás el método de comprarle al más barato y que usa energías renovables, para regresar a comprarle al caro y contaminante. Además, la empresa que produce la energía cara y contaminante es dirigida por el político más perverso de los últimos sesenta años, Manuel Bartlett.

La 4T va.

Amigos, dense cuenta

Imaginen que una familia sale a un paseo. Salen temprano en su auto, van a desayunar, luego pasan por un café. Continúan hasta un parque, donde los niños juegan durante un par de horas. Luego van a una carretera escénica y se estacionan en un mirador para que la señora tome fotos y todos paseen por el bosque. Continúan su camino hasta llegar a comer a un restaurante que le gusta mucho a toda la familia.

Ahora imaginen a dos personas opinando de estos hechos.

Uno dice “qué mañana tan agradable. La familia tuvo un bonito día de paseo”.

Pero otro dice “qué cosa tan terrible. No entiendo nada de lo que está pasando. Entre la salida de casa a las 8am y la llegada al restaurante a las 2pm pasaron seis horas en los que recorrieron solo 24 kilómetros. Eso da una velocidad promedio de 4 kilómetros por hora, que en una carrera de autos es pésima. Esa familia lo está haciendo muy mal”.

¿Qué tendríamos ahí? Que la segunda persona, a pesar de tener todos los datos frente a ella, no logra entender lo que hizo la familia porque asume que su objetivo era llegar lo más rápido posible del punto A, la casa, al punto B, el restaurante. Si le explicamos a esa persona que en realidad querían pasar un lindo día familiar y no romper records de velocidad, todo empezará a tener sentido.

Pues justo eso es lo que está pasando con muchos analistas en México. Ejemplos hay varios.

“No entiendo a ALMO. Si él quiere que la economía progrese, ¿por qué canceló el aeropuerto / no apoyó a los empresarios en la pandemia / se metió en el problema de los gasoductos / elogia a la economía de trapiche / le complica la vida al sector productivo / canceló la cervecera de Mexicali / tiene gente inútil en PEMEX / cambia las reglas para la inversión en energías renovables / hace obras faraónicas que serán un tiradero de dinero / prefiere que CFE compre energía cara y contaminante / está obsesionado con las carreteras hechas a mano?”.

“No entiendo a ALMO. Si él quiere que el sistema de salud mejore, ¿por qué destruyó a las distribuidoras de medicamentos / deja a los niños con cáncer sin quimios / puso a Attolini en un puesto en el IMSS / destruye al Seguro Popular / tiene tanto subejercicio en el sector salud / no sustituyó el Seguro de Enfermedades Catastróficas / puso al frente del INSABI a un absoluto inepto / dijo que para darle dinero a Salud iba a rifar el avión?”.

“No entiendo a ALMO. Si él quiere un país más transparente y con menos corrupción, ¿por qué mantiene en su puesto a Bartlett (Zoé, Virgilia Eréndira, Guadiana, Salgado Macedonio, Ana Guevara) / le da impunidad a Pío (Felipa, su cuñada de Macuspana) / quiere desaparecer al INAI / pone en instituciones autónomas a incondicionales sin conocimiento / destruye fidecomisos / su gobierno es cuatro veces más opaco que el de EPN / da más porcentaje de contratos por adjudicación directa que sus antecesores?”.

“No entiendo a ALMO. Si él quiere controlar la pandemia, ¿por qué minimizó desde el principio todo el tema / desdeñó el uso del cubrebocas sin escuchar a científicos solo por odio a Felipe Calderón / deja a López-Gatell que ha sido un desastre / miente en el plan de vacunación / hace discursos triunfalistas desde hace más de 100,000 muertos / dice que va a darle vacunas a otros países mientras en México mueren por racimos / prefiere vacunar a los Servidores de la Nación que a personal de hospitales públicos y privados / quiere empezar a vacunar en localidades apartadas y no en las zonas densamente pobladas donde la pandemia está mucho más activa?”.

Y así podemos seguir y seguir. En temas de seguridad pública. Su relación tan tersa con Trump y tan áspera con Biden. Comprar pleito con Estados Unidos. Decir que Cienfuegos siempre sí y luego siempre no.

Aristegui dice que desaparecer al INAI es pésima idea. ¿Lo es?


Warkentin dice que no tiene sentido su plan de vacunación. ¿No lo tiene?

Leo muy seguido “en este tema se está equivocando ALMO y no lo entiendo”. ¿Todavía no le entienden?

Amigos, dense cuenta.

¿Recuerdan de la persona que no entendía lo que hizo la familia porque asumía que estaban en una carrera de velocidad, entonces nada parecía tener lógica?

Eso es lo que está pasando a nivel nacional.

Imaginen que a ALMO no le interesa fortalecer la economía de los mexicanos, sino acumular poder. ¿Tiene ahora sentido todo lo que está haciendo?

Imaginen que a ALMO no le interesa contener la pandemia, o que bajen los asesinatos, o combatir al narco, o mejorar el sistema de salud, o tener organismos autónomos fuertes, sino acumular poder. ¿Tiene ahora sentido todo lo que está haciendo?

Si no entiendes alguna política de ALMO porque no es acorde con la mejoría del país, piensa si SÍ es acorde con su acumulación de poder. ¿Ahora sí tiene sentido?

Nunca había que darle el beneficio de la duda a un priista setentero como ALMO. Desgraciadamente 30 millones de personas lo hicieron, y ni hablar.

Lo que no tiene justificación es que a 19 de enero de 2021 haya quien piense que a ALMO le importa tu empleo, tu salud, tu seguridad, tu bienestar durante la pandemia.

No.

A ALMO le interesa lo que le permita concentrar poder. Sentir que él manda. Que para que algo se mueva en México se le tenga que pedir su permiso.

Piensen en todas las cosas “que no entienden” sobre decisiones de ALMO basados en esta hipótesis de concentración de poder como eje de las decisiones en este gobierno.

¿Ven cómo ahora todo encaja en el rompecabezas?

Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores

Imaginen un lugar en donde unos campesinos siembran algún tipo de vegetales, y los habitantes de las ciudades los compran porque saben bien en ensaladas.

Imaginen que el precio de esos vegetales es de $30 el kilo en un momento dado.

De repente un año el precio se va a $35, porque hubo mal clima. Entonces hubo menos producción y subió el precio. Al año siguiente el precio bajó a $25 porque sucedió lo opuesto y los campesinos produjeron mucho más de lo habitual.

Todo iba marchando más o menos de esa manera hasta que llegó El Gobierno Bueno. Ese Gobierno Bueno no era de permitir que los precios los determinara el mercado, no señor. El Gobierno Bueno estaba a favor de ayudar al pueblo bueno, porque en ese lugar todo era bondad digna de Cartilla Moral.

“¿Trabajar de sol a sol, estar horas agachado pizcando los vegetales, para que nuestros campesinos buenos reciban en promedio solo $30 el kilo por sus vegetales? No, señor. Eso lo hacían los Gobiernos Malos y dónde estabas cuando y callaste como momia”, dijeron los voceros del Gobierno Bueno. A partir de ahora el precio será de $200. Claro que es justo: eso permite que los campesinos ganen más. ¿O qué, quieres matarlos de hambre, maldito facho?”.

Entonces el Gobierno Bueno quiso ayudar a los campesinos buenos con un precio bueno de $200.

Qué bueno que ahora sí el Gobierno Bueno ve por los pobres.

Pero pasan algunos meses y la situación no va TAN bien. Sí, el precio del vegetal es ahora de $200 y los campesinos le ganan mucho.

O le ganarían, si vendieran.

Porque el 99% de los que compraban ese vegetal a $30 pesos ya no lo compran ahora que vale $200. Sí, el vegetal sabía muy bien con limón y Tajín, pero casi nadie quiso pagar 600% más. Empezaron a comprar algunos productos sustitutos como la jícama o la zanahoria, que más o menos saben igual y tienen las mismas proteínas y minerales.

Fracasó el proyecto del Gobierno Bueno. Quiso ayudar a los campesinos buenos, a diferencia de los Gobiernos Malos. Pero a los campesinos les iba peor. Parece que era mejor negocio vender 100 kilos de producción a $30 que vender 50 gramos a $200 y que se pudriera lo demás.

Quién lo hubiera dicho.

Entonces el Gobierno Bueno se puso a arreglar otro problema, esta vez del lado de los compradores. Y es que tampoco iba bien la economía en general y los sueldos de las familias no eran buenos y encima pagar mucho por los vegetales, pues no. Los gobiernos malos exprimían a las familias buenas, pero eso ya no iba a pasar más. Entonces salió un decreto, porque el Gobierno Bueno creía que las cosas se resolvían por decreto.

“Para favorecer a las familias buenas, ahora el precio de ese vegetal será de $3. Imaginen, con el Gobierno Malo si tenías $300 te alcanzaba para 10 kilos solamente de vegetal. Pero ahora con el nuevo precio de $3 ya te alcanza para 100 kilos. Gracias a este decreto se multiplicó por 10 el poder adquisitivo de las familias buenas”.

La gente no cabía en sí de alegría. Por fin eran escuchados desde el Gobierno Bueno. Seguirían llevando sus mismos $30 para vegetales, pero regresarían con 10 kilos en vez de uno. Hasta podrían regalarle vegetales a los vecinos. Qué maravilla. Todos a comprar.

Y llegaron a comprar muy felices.

Pero no había de ese vegetal.

Porque los campesinos no iban a partirse el lomo durante toda la temporada agrícola para vender su producto a $3. Entonces mejor sembraron elotito, trigo o cualquier otra cosa. Pero no ese vegetal de $3.

“Era mejor cuando costaban $30. Al menos había y podías comprarlos de repente. Ahora que cuestan según esto $3, la verdad es que no existen. Era mejor la situación anterior…”.

Tras esos dos descalabros del Gobierno Bueno, la gente estaba confundida. “¿A poco los precios en un mercado con competencia, con libre producción, bajas barreras de entrada y presencia de productos sustitutos son algo más que números arbitrarios impuestos por el gran capital? ¿A poco son mecanismos que dependen de la participación de miles de productores y millones de consumidores, que equilibran la cantidad entre lo que los campesinos están dispuestos a producir con el que las familias están dispuestas a comprar?”, se preguntaban.

“Sí”, les dijo uno que ya había entendido.

“No podía saberse”, dijo el Gobierno Bueno. “No es culpa de nadie”, dijeron sus porristas. “Nosotros no votamos por esto”, dijeron sus facilitadores.

“En realidad sí habían votado por eso”, dijo el narrador con voz de Enrique Rocha.

“¿Quién lo hubiera dicho?”, preguntaban sorprendidos.

Pues lo hubiera dicho, y en realidad lo dijeron, cualquiera que hubiera tomado el curso más elemental de Microeconomía Básica.

Claro, no todos tienen acceso a ese tipo de cursos. ¿Quién más lo habría podido decir? Quien haya vivido en tiempos de Echeverría y López Portillo. Quien haya visto la recurrente situación con los populismos latinoamericanos. Quien haya visto lo que pasó en Venezuela desde que llegó Hugo Chávez.

Back to the future, ahora tenemos al Gobierno Bueno de México decretando incrementos importantes del salario mínimo. Y tenemos a muchas personas aplaudiendo que las cosas van a mejorar por decreto.

Pero ya a estas alturas deberíamos saber que no es así.

Un salario mínimo más alto no va a causar inflación, es cierto. Porque el salario promedio es mucho mayor. Pero por esa misma razón va a beneficiar a muy pocos.

Habrá quien diga “pues con que ayude a 100 nada más es suficiente”. De entrada suena bonito ayudar a ese pequeño grupo. Claro.

El problema es a costa de quién queremos beneficiar a esos 100. A quién le estamos cargando la mano. ¿Es a las empresas más grandes de México, esas empresas que tienen decenas de miles de empleados y venden miles de millones de pesos al año? ¿A poco estoy diciendo que esas empresas van a sufrir por pagarle un poco más a unos pocos?

No. Para nada.

Pero las microempresas sí. Esos changarros formales que son propiedad de personas que arriesgaron capital y tranquilidad para emprender, y a quien este gobierno ha tratado de la peor manera posible. Ese microempresario que sabe que en todo el mundo se apoyó a negocios como el suyo, y que en México ni las gracias le dieron. Ese al que no le permitieron diferir el pago de impuestos, al que lo obligaron a cerrar por meses sin indemnización, a quien el SAT está cazando inmisericordemente, al que la CFE puntualmente le envió recibos cada vez más caros con amenaza de corte. Es a ese microempresario al que le están cargando la mano para cubrir con el incremento del salario mínimo.

Y muchos no van a poder.

Y van a cerrar. O se van a ir a la informalidad.

Y varios empleados que ganaban $100, y ahora por decreto cobrarían $115, pues se quedarán sin chamba.

Ese empleado bueno va a ver que estaba mejor CON trabajo de $100 que SIN trabajo de $115.

Porque cuando por decreto el Gobierno Bueno aumenta en ese monto el salario mínimo, en medio de la mayor recesión económica desde 1932, que a muchas empresas las tomará en semáforo rojo, lo que está haciendo es condenarlas a cerrar o a pasar a la informalidad.

Y ese empleado bueno al que querían ayudar acabará peor. Es que la película la hemos visto muchas veces en Latinoamérica. Pero parece que es como Los Simpson: aunque la hayamos visto muchas veces, siempre podemos ver otra vez los capítulos. Ya lo dijo José Alfredo en el fragmento de canción que da título a estas líneas.

“Bueno”, dirán los que apoyan estas medidas porque odian a los empresarios grandes, “pero esto como quiera en algo afectará a los billonarios FORBES y al menos les quitamos algo y lo repartimos a los de abajo”.

Pero resulta que no están tomando en cuenta algo: México es un país intensivo en mano de obra porque los sueldos son bajos. Es decir, un restaurante mexicano tiene muchos más empleados que otro equivalente en Estados Unidos o Europa. ¿Pero qué pasa a medida que aumentan los salarios? Pues que van automatizando, optimizando, cambiando procesos. Y en vez de la seño que gana salario mínimo en la recepción pones un conmutador. En vez del que gana salario mínimo en el restaurante de comida rápida pones una máquina que tome órdenes. En vez de que haya un regimiento de meseros y garroteros pues que a cada uno le toquen 8 mesas en vez de 6. En vez del empleado en el punto de servicio en alguna plaza comercial, que sea vía la app.

Y es que los empresarios grandes tienen los recursos para hacer las inversiones necesarias para prescindir del personal que dé menor valor agregado. En algunos casos no las hacen porque el salario mínimo está en $100 y para qué le mueves. Pero si está en $115 es más probable que lo hagan. Y en $130 aún más. ¿Y en $145? Puedes apostar que lo van a hacer. Pagarán buenos sueldos a personas preparadas de consultoría para que optimicen la operación de su empresa y prescindan de las personas que menos aportan, pero que proporcionalmente cada vez cobran más.

Entonces los incrementos de salarios mínimos claro que ayudarán a mejorar los salarios promedio. Pero de los que tienen MBA en universidades gringas y son expertos en reingenierías que dejen sin trabajo a los trabajadores de abajo que serán cada vez más caros.

¿Cuál es entonces la salida? ¿Cómo mejoramos los salarios promedio? ¿Cómo hacemos irrelevante el tema del salario mínimo? Ya lo comenté más ampliamente en un artículo anterior. Pero va de nuevo de forma breve: si hoy hay 10 empresas en una actividad X en la región Y, los sueldos subirán de manera importante cuando en esa actividad X en la región Y haya 30 empresas. Para eso se necesita hacer justo lo contrario a lo que este Gobierno Bueno está haciendo.

Por eso, como no están haciendo la tarea que hay que hacer para lograr buenas calificaciones, quieren decretar que son un Gobierno Bueno.

No lo son.