by @avestruzeterea | Mar 4, 2017
Ideota
En este país hay muchísimos proyectos productivos y de infraestructura con el potencial de generar centenares de miles de empleos y mucho crecimiento económico. Presas, aeropuertos, puertos, carreteras, parques industriales, desarrollos turísticos, clubes de golf, gasoductos, minas… La lista es amplísima. Y muchos de esos proyectos han sido parados por razones ecológicas. Muchas veces, detrás de la negativa de algunos grupos de activistas en realidad se esconden intereses políticos, de monopolios, de intentos de obtener dinero a cambio de que “el pueblo” permita la construcción. En México tenemos una gran necesidad de esos proyectos. Hay un lentísimo crecimiento económico, un déficit de empleos, infraestructura deficiente, pobreza. Urge que se realicen.
Los que tenemos oportunidad de conocer lugares como Orlando, en medio de la nada, somos testigos de que se pueden crear centenares de miles de empleos en una zona donde antes nada más había pantanos y cocodrilos. Desde luego que hay que hacer Estudios de Impacto Ambiental. Pero yo creo que el gobierno debe autorizar los proyectos con más probabilidad de generar empleos, riqueza, infraestructura, aunque para ello se tenga que construir tumbando árboles. El gobierno debería autorizar, digamos, que se destruyan 50,000 hectáreas de nuestros ecosistemas a cambio de trabajos, infraestructura, progreso. Así de directo. Hoy necesitamos más un millón de empleos extra que esas 50,000 hectáreas.
Antes de que los de Green Peace y los defensores de Usos y Costumbres me linchen, la propuesta no termina ahí. Sí, creo que se puede emplear 50,000 hectáreas en proyectos productivos aunque tengamos que tumbar árboles y bailar Jarabe Tapatío en las plantitas muertas. Pero a cambio de algo.
Se debería de poner un impuesto, derecho, tarifa, arancel o como le quieran llamar a las empresas que desarrollen los proyectos. Pienso por ejemplo en un cobro (adicional, desde luego, a los demás impuestos aplicables) de $10,000 mensuales por hectárea destruida. Ese dinero se deberá entregar el primer día de cada mes, sin posibilidad de exención. Se puede pedir a las empresas una fianza que garantice 5 o 6 años de ese cobro, para que si la empresa quiebra no se quede ese dinero sin cobrar.
¿Y qué hacemos con ese dinero? Se lo damos a los campesinos que sean dueños en conjunto de las 500,000 hectáreas menos productivas del país. No nos engañemos: en México, en general, los campesinos no realizan un buen trabajo en términos de productividad. Varios siguen recibiendo subsidios, ayudas, regímenes fiscales especiales, precios de garantía, PROCAMPO, OPORTUNIDADES, CRUZADA CONTRA EL HAMBRE y varias cosas más DESDE TIEMPOS DE SUS BISABUELOS, a los que Lázaro Cárdenas les dio las tierras. No le demos vuelta: un “negocio” que desde 1936 está funcionando, y no ha hecho más que perder dinero a lo largo de cuatro generaciones, NO es negocio. Gran parte de la culpa de ese fracaso es nuestra maldita manía de ensalzar los “usos y costumbres”, aunque sea más que obvio que no funcionan. ¿Y si mejor les pagamos a esos campesinos para que siembren árboles y los cuiden? Nos ahorramos mucho dinero en subsidios, nos ahorramos muchísima agua que hoy se desperdicia en regar campos que producirán muy, muy poco.
Entonces, la propuesta es en resumen: que un empresario que proponga un proyecto de, digamos, 10 hectáreas, meta dentro de sus flujos la consideración de que debe pagar $100,000 al mes. Ese dinero va para campesinos que convertirán 100 hectáreas de tierra de uso agrícola en nuevos bosques o selvas, según el ecosistema en el que se encuentren.
Los empresarios generan empleos, infraestructura y riqueza. Los campesinos reciben dinero directamente de la iniciativa privada para reforestar sus pésimamente administradas tierras. El ingreso de los campesinos se incrementa. Se pierden 50,000 hectáreas de árboles pero se recuperan 500,000. Y no nos engañemos, esas 500,000 hectáreas jamás producirían lo que las 50,000 que presenten, por su localización, la mayor posibilidad de generar riqueza.
Si un proyecto fracasa, se hace uso de la fianza para que los excampesinos, hoy reforestadores, sigan recibiendo los recursos. Se licita esa misma tierra a otra empresa, quien tendrá dentro de sus obligaciones, desde luego, el mismo pago mensual que la anterior o que las que sigan.
¿No valdría la pena que nuestras autoridades contemplen, aunque sea, esta idea o alguna variante similar?
by @avestruzeterea | Mar 3, 2017
Donald Trump en como Nelson Muntz. Es el bully del grupo. Su situación económica depende completamente de la famiia en la que le tocó nacer. No sabes cómo va a reaccionar, es tosco, provoca pleitos propios y compra los ajenos. Tiene mucha seguridad en sí mismo y eso lo hace atractivo para muchos.
Hilllary Clinton es como Lisa Simpson. Inteligente, preparada, sensata, pero con menos carisma que un cobrador de impuestos o que Disco Stu. Tiene en contra la opinión de muchos hacia el varón de la familia, aunque ella es más víctima que causante de los actos de dicho varón.
El votante al que apela Trump es como Homero Simpson. Blanco, de mediana edad, sin estudios superiores, no muy brillante que digamos. Y su falta de brillantez provoca que busque soluciones fáciles porque eso de trabajar más duro no se le da.
Ben Carson es como el Dr. Hibbert. Por ser un personaje comparsa, no vayan a creer que lo digo por ser médico de piel negra.
Ted Cruz es como Jimbo. Igual de bully que Donald, pero no es líder ni de su pandilla.
Bernie Sanders es como la mamá de Homero. Un viejecito tierno, idealista, que lucha contra el sistema y sus propuestas suenan hippiosamente bonitas. Nada más que no se pueden realizar porque ni alcanza el presupuesto ni son benéficas para la economía ni en un país lleno de Alcaldes Diamante se podrían implementar. Bernie además comparte con la abuela que aparecerá relativamente poco en la trama, aún si protagoniza un par de episodios.
John Kasich es como el borracho de la gorra verde que sale en la taberna de Moe con Homero, Lenny, Carl y Barney. Nadie se acuerda de él, en realidad no es relevante, está de relleno y nadie conoce su nombre. Pero si lo ponen en una escena junto con los otros, tampoco nos parece desconocido. Podría no estar y no pasa nada. Hasta Cosme Fulanito ha hecho más cosas en un capítulo que él en 50.
Y Marco Rubio, que empezó dando mejores discursos que Troy McLure, terminó arrastrado al lado oscuro y ahora es un bully más. Si eso es lo que quieren los Homeros…Photo by upyernoz 
by @avestruzeterea | Mar 2, 2017
¿Tienes la esperanza de que la clase política mexicana se va a redimir en las elecciones de junio? Hazte un favor y no leas las listas de diputados plurinominales. Con muy contadas excepciones y más bien plagadas de confirmaciones, las listas hacen honor al “si seguimos gobernando con los mismos, seguiremos teniendo los mismos resultados”.
Desde luego destaca la broma del PRI de poner a Carmen Salinas en su lista, decisión que me hace sentir muy orgulloso de vivir en Suiza.
Pero quiero centrarme en otro aspecto, que tanto Gabriela Warkentin como Mario Campos ya han tratado.
No es una sorpresa que el PRI se caracterizó el siglo pasado por tener controlada a la prensa, desde la sutileza de tener el monopolio del papel periódico hasta la contundencia de amenazar y asesinar a quien no se alineara. Evidentemente esa costumbre regresó, y dio pie a un capítulo vergonzoso para el periodismo.
Los periódicos suelen tener, dentro de su sección editorial, al menos una columna que no viene firmada o que tiene seudónimo. Esa columna representa la línea editorial del medio, cuya responsabilidad cae en el director.
Pues bien, resulta que las columnas “institucionales” de EXCELSIOR , EL UNIVERSAL y MILENIO defienden la candidatura de Sylvana Beltrones con una cercanía en tiempo y argumentos que es imposible atribuir a la casualidad.
“Vaya sorpresa, te acabas de dar cuenta de que el gobierno tira línea a los medios de comunicación”, podrían decirme. Pero creo que hay aristas en este caso que vale la pena explorar:
1. El conflicto de interés. Evidentemente Manlio Fabio quiere que su hija sea diputada y que no llegue con el estigma del nepotismo. No intento aquí analizar si ella tiene o no los méritos necesarios. Pero hay una serie de presupuestos en medios de comunicación en los que Manlio Fabio tiene manera de influir: el de la Cámara de Diputados es el más obvio, pero tiene posiciones en todos los niveles. Hacerle saber a un director que si no apoya a su hija, específicamente con los datos que a él le interesa resaltar, puede ver mermado su ingreso por publicidad parece suficiente herramienta para convencer a los más valientes. Mientras no haya reglas claras sobre el uso de la publicidad oficial seguiremos viendo tanto el gasto en descarada promoción como las herramientas de control metalegal. En todos lados se cuecen habas pero los casos que conozco un poco más, que son los órganos de Comunicación Social de Veracruz y Chiapas, son para pasar de estar aterrado a estar indignado a ponerse a llorar.
2. Las nuevas cadenas. EPN prometió que habría más competencia en TV abierta. Ningún legislador se opuso a ello. Sin embargo ya pasó la tercera parte de su sexenio y todavía no se cumple esa promesa de campaña. La licitación de nuevas cadenas ha estado muy rara, con muchos postores iniciales y varios retiros extraños. Dentro de los finalistas está el dueño del EXCELSIOR. Tras ver la actuación de EPN con San Román e HIGA, no suena descabellado un “oye, Olegario, dile a Pascal que no me vaya a tirar mucho, no vaya a ser que se ande declarando desierta la licitación”.
3. El gasto en publicidad. Que tres editoriales institucionales elogien en términos casi idénticos a una candidata, ¿no es un acto de campaña? ¿Ya puede ella contratar publicidad? ¿No parece obvio que hay un pago, directo o indirecto (más publicidad, mejores exclusivas, un SAT menos preguntón) y que el INE debería investigar? Tendrían que ser demasiado cándidos (o demasiado PRI-VERDISTAS) los consejeros y fiscalizadores del INE para creer en casualidades tan peregrinas.
Es una vergüenza para el periodismo mexicano que tres de los periódicos más importantes a nivel nacional usen boletines de prensa para defender una candidatura en específico. Entiendo la presión que los dueños de los medios y los operadores gubernamentales ponen en los directores de periódicos. Pero son una de nuestras últimas líneas de defensa. La restauración del PRI marcha a pasos agigantados, la tele abierta no tiene el incentivo para ser más combativa, y la relativa apertura y pluralidad que vivió la prensa a inicios de este siglo se está derrumbando.
El dinosaurio siempre estuvo ahí. Hibernó 12 años. Desgraciadamente tendremos que despertar con él algunos años más.
by @avestruzeterea | Feb 24, 2017
Los medios, los narcocorridos y las pláticas de café van normalmente en el mismo sentido: Los grandes capos de la droga son muy chingones, los mejores de ellos como El Chapo llegan a la lista de FORBES porque son billonarios en dólares, son crimen organizado ante gobierno desorganizado, tienen muchas mujeres y pistolas con cachas de oro.
Claro, muchos papás le dicen a sus hijos que no hay que hacer lo que el Chapo hacía. Otros simplemente no lo mencionan. Me queda claro que es minoría quien le diga a su hijo “vuélvete narco”. Pero la narrativa en el imaginario de la gente le da al capo del narcotráfico un carácter de semihéroe.
¿Y por qué no cambiamos la narrativa?
El Chapo estuvo en la cárcel 7 años. Lo más probable es que pase el resto de su vida en otra, y que sea en Estados Unidos. Al Chapo le mataron dos hijos y dos hermanos. Muchos de sus familiares directos (hijos, esposa, hermanos) cayeron en la cárcel. Sí, tenía muchísimo dinero. Pero no lo podía disfrutar como casi cualquier persona de clase media alta. No podía dormir en el mismo lugar mucho tiempo. La mayoría de su dinero fue congelado, usado para corromper o se quedó con prestanombres, pero no aprovechó ni el 1% de lo que ganó. Para escapar de una de sus casas a otra lo tenía que hacer por túneles que conectaban al desagüe, lo que no es precisamente un día de campo.
Dinero que no aprovechan, hijos y hermanos asesinados, esposas en la cárcel, escapes por el drenaje, la mitad de su vida en la cárcel… ¿No sería ésa una mejor narrativa?
by @avestruzeterea | Feb 23, 2017
La historia es más o menos del dominio público, salvo que hayas visto ayer los Premios Lo Nuestro: Sean Penn, al leer que Alejandro González Iñárritu iba a recibir el Óscar a Mejor Película, bromea diciendo “¿Quién le dio la Green Card a este hijo de perra?”. El Negro va por su tercer estatuilla, da un discurso sonriente donde le da su llegue a EPN (¡gracias, Maestro!) y se toma al final de la ceremonia fotos con mucha gente, entre ellos Sean Penn.
Le preguntan al Negro por el chiste y responde que le dio risa, y que el hecho no podría serle menos trascendente (“I couldn’t care less”). Son amigos desde hace años, así se llevan, y el mexicano le hace chistes igual de pesados a Sean.
El que se ríe se lleva, y el que se lleva se aguanta. Sean y Alejandro son amigos, se hacen bromas pesadas y sanseacabó, ¿verdad?
Pues no.
La rama de la filosofía epistemológica en gnoseología etrusca, conocida familiarmente como El Tren Del Mame hizo su aparición.
“Racista”, “imperialista”, “le echa en cara su privilegio blanco”, y como el tren no tiene escalas, “le arruinó el mejor día de su vida”, “puso en riesgo la totalidad de la ceremonia de los Premios de la Academia”… creo que el Tratado de Guadalupe Hidalgo no hubiera traído tal cascada de indignación.
¿No nos reímos de la muerte? ¿No somos llevados? ¿No usamos estereotipos para referirnos a los gringos? ¿Nos podemos reír, pero si se ríen no nos aguantamos?
Lastimosa la reacción de las Buenas Conciencias, de la cofradía (parafraseando a Monsi) de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, de los progres siempre en busca de agravios y de los que si no están indignados se sienten mal. Aparentemente la broma de un actor a un director es causal de los atropellos de Arpaio, de la pérdida de Texas, de las desgracias de los indocumentados y del efecto invernadero.
Los chistes son chistes. Si el destinatario de una broma no se siente ofendido, ¿por qué los demás sí? Me pueden decir que la broma no fue privada. Pero el chiste no fue abierto. No fue sobre “los mexicanos”. Fue sobre Alejandro González Iñárritu. Específica e inequívocamente se refirió a él.
Sean Penn no tiene, ni de cerca, un historial con casos de racismo o de fobias a latinoamericanos. De hecho, opino, se pasa de cariñoso con Fidel y Raúl Castro, y con Chávez y Maduro. Hace más de diez años, en “21 Grams”, él estuvo a las órdenes de la víctima de su broma. Alejandro González Iñárritu no es de piel sensible y el tema le dio risa. ¿Podrían los impulsores del Tren Del Mame bajarle unas rayitas a su indignación y guardarla para causas sensatas?