by @avestruzeterea | Oct 8, 2016
Muchas veces he leído en las últimas semanas que algo muy importante que nos falta es “amor por México”. Aunque ya terminó el mes patrio, varios han identificado el problema que tiene nuestro país, y es que la gente no quiere lo suficiente a su patria.
Esa idea suena hermosa, evocadora, poderosa… y en mi opinión es falsa. Lo que necesitamos es que cada uno de nosotros hagamos lo que nos toca (trabajar, estudiar, dirigir, gobernar, legislar, enseñar, construir, curar) dentro de la ley.
Pensemos en un doctor. ¿Nos sirve que así, como entelequia, tenga “amor por México”? En realidad lo que sus pacientes esperan es que sepa lo que hace, cobre lo justo, no quiera abusar de los pacientes, pague sus impuestos. Si quiere o no a México, ¿hace diferencia? En realidad cuando el doctor hace bien su trabajo está mejorando a su país, de una manera concreta y que está en sus manos. Pensemos que ese buen doctor es nicaragüense. Si ama a su país pero cura a gente en México, nos está ayudando aunque el himno que cante sea el de Nicaragua.
Mucha gente confunde, en mi opinión, el hacer lo que nos toca con el egoísmo. Aunque a mí me gusta ayudar a gente que no conozco, mi principal responsabilidad es que mi esposa y mis hijos estén bien. Para lograrlo, debo darle a la empresa que me paga los resultados que de mí espera. Para ello, debo darle un buen servicio a mis clientes. Es un pequeñísimo eslabón. Pero si lo hago bien, estoy contribuyendo al conjunto.
Creo en la frase de Borges, “El Patriotismo es la Menos Perspicaz de las Pasiones”. Creer que México es el mejor país del mundo porque YO nací en él. Lo raro es que los búlgaros no se den cuenta de que México es lo máximo y piensen en cambio que Bulgaria es un gran país…
Al final, si hacemos lo que nos toca, dentro de la ley, el “amar a México” no es dañino pero sí irrelevante. Puede ser pernicioso cuando dejamos de hacer lo nuestro para quedarnos en utopías, pensamientos bonitos, pero sin sustento en la realidad.
Tratemos de influir en los gobernantes, políticos, legisladores. De que ellos hagan lo que les toca con honestidad depende una parte del progreso de México. Pero la mayor parte depende de cada uno de nosotros, desde nuestra trinchera. No debe ser motivo de pena decir “yo tengo mi negocio porque quiero hacerme multimillonario y comprar un Ferrari”. Si lo haces de forma honesta, crearás empleos, darás productos y servicios, pagarás impuestos, y harás muy feliz al vendedor de la agencia de Ferrari. De ese “egoísta” modo harás más que un maestro que no da clases porque, “en beneficio de todos”, protesta contra la Reforma Energética o el IVA al Dog Chow.
Desde luego se puede protestar, tratar de influir, expresar opiniones, manifestarse. Pero sin olvidar que nuestro principal aporte es hacer lo que nos toca.
Ya si lo hacen “con mucho amor a México” o con “poquito amor a México” sale, en mi opinión, sobrando.
by @avestruzeterea | Oct 6, 2016
Parecía un chiste cruel del destino. A solo una semana de estar viviendo en nuestro nuevo hogar, nos enteramos de que el ayuntamiento iba a arreglar las calles que delimitaban nuestra manzana.
De inmediato vinieron a nuestra mente historias de terror, especialmente las que Tuxtla Gutiérrez sigue padeciendo. Pero también el pésimo trabajo de la Línea 12, la T2 del AICM a la que sigo sin encontrarle los 800 millones de dólares que se gastaron, las “obras” para los Centroamericanos de Veracruz y tantos fiascos más.
Pero algunas cosas parecían indicar que esta vez iba a ser distinto. Primero vimos avisos pegados en cada puerta, con las calles que iban a arreglar, los días que iban a tardar en cada calle y las rutas alternas. Por si no lo habíamos visto, esa misma información nos llegó por correo postal. Incluía páginas WEB para poder seguir el proceso. Otra cosa que notamos es que las rutas y paradas temporales de transporte público estaban perfectamente señaladas en amarillo. En las paradas originales se encontraba esa misma información, al igual que dentro de los autobuses y hasta en la app para celular
Y sí: cumpliendo con el cliché, los empleados de la construcción terminaron en tiempo, forma y calidad el remozamiento de las calles, con muchísima información, adecuada planeación y minimizando las molestias.
Algo que me llamó mucho la atención, y sobre lo que ya había escrito: ninguno de los que repararon las calles era un superingeniero. La maquinaria que usaban no parecía tan diferente de que se usa en México. No había drones dirigiendo, ni el asfalto parecía tan diferente (excepto en el caso de Tuxtla, en donde de un tiempo a la fecha siempre compran del asfalto con baches).
En México se tiene la idea de que un buen maestro es el de origen muy humilde, que camina 14 kilómetros y cruza tres ríos con cocodrilos para llegar a su escuela sin luz. Las películas tan melodramáticas han hecho que varios crean que es necesario ser heroico para hacer bien un trabajo. Yo siempre creí que no, y ahora esa creencia se ha reforzado. En este país donde las cosas tienden a funcionar bien no parece haber reparadores de calles biónicos ni maestras más abnegadas que Sara Garcia. Lo que veo es gente que hace bien lo que se supone que debe hacer. Y nada más.
¿Por qué en México parece toda una epopeya arreglar una pinche calle? Los errores que cometen son de sentido común. Creo que con tener secundaria trunca basta para empatar tipos de vía con tipos de trenes del metro. No hay que ser Hawking para percatarse que no es buena idea cerrar todas las calles a la vez. Los Institutos de Comunicación Social saben hacer excelentes boletines de notas intrascendentes, y tienen a muchos chavos monitoreando redes sociales con motivos políticos. Herramientas y capital humano hay de sobra para informar qué se debe hacer, qué alternativas hay, cuánto van a tardar y otros datos tan básicos que no requieren de mayor ciencia.
Parecía broma cruel del destino. Pero gente ordinaria con maquinaria ordinaria y materiales ordinarios hicieron su trabajo, ni más ni menos. Otras personas se encargaron de la comunicación, otros se aseguraron de que hubiera rutas alternas y al final, mediante el muy sencillo y básico procedimiento de hacer lo que a cada quien le toca, las calles quedaron arregladas en tiempo y forma. México puede aprender mucho de esa lección que debería ser obvia.
by @avestruzeterea | Oct 3, 2016
En una más de sus estúpidas declaraciones, EPN lanzó una perla de sabiduría que viene a complementar y dar sentido a la previa acerca de “la corrupción es cultural”.
Me refiero, desde luego, a la muy desafortunada frase sobre la primera piedra. EPN de cuerpo completo. La corrupción somos todos. “Si alguien alguna vez se ha pasado un alto, entonces nadie puede señalar a Javier Duarte por desviar decenas de miles de millones de pesos”. “Si alguien ha usado la pluma de la oficina para anotar un recado personal, entonces no tiene nada de malo que me beneficie de mi compadre, el contratista al que he hecho multimillonario”.
Hay quien le da la razón a EPN, lo que es un excelente retrato de su manera de pensar. Existen suficientes columnistas a sueldo del gobierno, y legiones de peñabots que justifican cualquier cosa.
Yo no voy a entrar en el debate de si se necesita ser un modelo de perfección humana antes de reclamarle a los gobernantes que se comprometieron a guardar las leyes a, pues eso, guardarlas (pero no hasta el fondo del archivo muerto, como el muy cultural EPN propone). Me queda claro que no. El que tiene un cargo público tiene una mayor responsabilidad que el que nunca lo ha tenido. Pero la declaración de EPN deja de todos modos abierta la puerta a muchas otras personas.
Hagamos algunas cuentas: cada año hay alrededor de 2,300,000 nacimientos en México. En este sexenio entonces nacerán más o menos 13,800,000 lapidad… perdón, niños. Tal vez hasta los priistas más recalcitrantes estarán de acuerdo que un niño de menos de doce años difícilmente puede ser acusado de ser un Corrupto Marca HIGA. Entonces si sumamos los niños nacidos a lo largo de dos sexenios, ya estamos hablando de 27,600,000 mexicanitos.
Estamos hablando de sus hijos, sobrinos o nietos, estimados lectores. Y de los míos. Batallones completos de niños que podrían agarrar a pedradas a EPN dado que no los pueden acusar de mucho más que de comerse un chocolate extra en casa de los abuelos o de decir que ya hicieron la tarea que yace sepultada en su mochila.
¿Qué actitud tendrán esos niños sobre la corrupción? En primera instancia, la que sus padres les enseñemos. No soy sicólogo pero sí les puedo asegurar que el Estilo EPN de Concientizar sobre la Honestidad, que se basa en decir que es algo cultural y que nadie puede quejarse de la corrupción porque todos somos corruptos, no es el mejor método para formar a los mexicanos del mañana.
En mi opinión, repetirle a los niños hasta el cansancio que la corrupción está mal es mejor estrategia que decirles que así ha sido, así es y así será. Además desde luego de formar con el ejemplo cuando nos toca realizar un trámite burocrático. Al final nuestros hijos terminarán formándose su propio criterio, pero yo como papá tengo la misión de repetirles hasta que se harten y muevan sus ojitos hacia arriba que robar está mal, abusar de la confianza de los demás está mal, tomar para uso personal lo que es de todos está mal, comprometerse a algo y no cumplirlo está mal. Yo no aceptaría hoy que alguno de mis hijos me dijera “es que todos roban, robemos también”.
Los niños son entonces excelentes candidatos para agarrar a pedradas a toda nuestra clase política, encabezada por EPN. En particular los míos están a miles de kilómetros de México, en parte por las, llamémosle, “ideas” del presidente. Los que somos padres notamos que desde corta edad los niños entienden de conceptos de justicia. No, no son perfectos y quieren el juguete más grande y unos minutos adicionales de videojuegos. Pero incluso cuando se los haces notar sueles percibir su incomodidad. Saben que algo no hicieron bien.
Si ellos, con edades de un dígito y sin acceso al erario se dan cuenta, no podemos pedir menos a nuestros gobernantes, empezando por el presidente.
by @avestruzeterea | Oct 2, 2016
¡Dos de Octubre no se olvida! Ese aciago día el ejército disparó contra estudiantes que estaban en una plaza, sin bloquear ningun edificio gubernamental ni vía pública. El PRI mostrando su peor cara (que ya es un decir).
Y claro que no se olvida. Por eso Julio Hernández (conocido como Julio Astillero) ya publicó que hoy Andrés Manuel López Obrador va a poner una ofrenda en Tlaltelolco. Por lo menos en Twitter, los estudiantes están muy contentos con eso, pues dos de octubre no se olvida…
¿O sí? Julio Hernández fue Presidente del PRI de San Luis Potosí. Militó todo el sexenio de Salinas. Se salió cuando no le dieron un hueso mayor. AMLO fue Presidente del PRI de Tabasco. Militó todo el sexenio de Miguel de la Madrid. Se salió cuando no le dieron un hueso mayor.
Pero claro: seguro recapacitaron. Por eso invitaron a su movimiento a gente comprometida como Ricardo Monreal y Manuel Bartlett.
¿Qué? ¿Que Monreal fue presidente del PRI en Zacatecas en el sexenio de Salinas? ¿Que se salió cuando no le dieron un hueso mayor? ¿Qué cosa? ¿Que Bartlett estaba en la SEGOB en 1969? ¿Era parte de la policía política, de donde brincó a Secretario de Gobernación con MMH? No me vayan a decir que fue gobernador de Puebla con Salinas y que fue el titular de la SEP que recibió a Elba Esther. Ya sería mucho ya. ¿QUÉ? ¿ASÍ FUE? ¿LOS QUE ENCABEZAN LA INDIGNACIÓN POR LOS ACTOS DEL PRI EN EL 68 FUERON MILITANTES PRIÍSTAS DURANTE O DESPUÉS Y HOY TIENEN EL DESCARO DE… Y LOS ESTUDIANTES LES APLAUDEN PORQUE PIENSAN QUE ELLOS…?
Demonios. Dos de octubre sí se olvidó.
by @avestruzeterea | Sep 13, 2016
El Frente Nacional por la Familia está haciendo realidad la plegaria de la esposa del Reverendo Alegría. ¡Por fin, por fin alguien quiere pensar en los niños!
Y es que las ideologías de género están destruyendo a las familias tradicionales, las que deben de ser. Y esas familias, perdónenme ustedes, no incluyen dos papás ni dos mamás. No, señor.
Para que no digan que hay odio (porque en realidad los del Frente por la Familia no odian a los gays, sino que les tienen compasión, lástima, rezan por ellos, y no quieren que tengan derechos pero no por ellos, sino por los niños), han llegado incluso a admitir que se puede institucionalizar la segunda división de las relaciones personales, las sociedades de convivencia. ¿Pues qué problema tienen los homosexuales con las palabras? Que se queden ese título y ya. Aish, de veras con ellos…
Al final está claro: “Si alguno se acuesta con varón como se acuesta con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”. Está en la Biblia. Y contra eso no hay poder terrenal que valga.
Pues bien, ahí la lleva el Frente de la Familia. Tiene respaldo bíblico, no es discriminador porque graciosamente le concede a los homosexuales que se medio casen pero que se llame diferente (tomando el bello ejemplo de las escuelas segregadas de Estados Unidos, “Separados pero Iguales”, o las Leyes de Jim Crow), y quiere regresar al concepto de familia que, no se hagan los muy progres, todos conocemos y tenemos en mente.
Yo digo que el Frente debería seguir. No se debe conformar con migajas. Regresemos a la familia tradicional, esa de padre proveedor y madre ama de casa. ¿O a poco la familia tradicional tenía a la esposa estudiando carreras profesionales, posgrados, trabajando, dirigiendo empresas? No, señores. Tradición es tradición. Las mujeres a sus casas, que vayan a la primaria un par de años para que sepan leer, escribir, sumar y restar (lo necesario para hacer recetas de cocina, listas de supermercado y entenderle a los electrodomésticos), y después que aprendan lo que nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas (y sus tatarabuelas antes que ellas) sabían hacer: lavar pañales, coser botones, hacer pozole para maridos crudos y demás labores propias de su género. Porque así ha sido miles de años. La mujer en casa. No queramos cambiar eso por ideas nuevas.
Si hay un versículo en la Biblia sobre lo mal que está ser homosexual, y con la palabra de dios no hay que meterse, pues también lo hay sobre mujeres que tienen la osadía de ser maestras, empresarias o directivas en empresas: “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva”. Y háganle como quieran.
Y ya por último, si algunas mujeres con claras desviaciones quieren estudiar o poner un negocio, aún en contra de lo que siempre ha sido una familia tradicional y de las enseñanzas de la Biblia, pues ni modo. Que lo pongan. Pero no podemos permitir que vayan a universidades. Porque las universidades se hicieron para hombres, no para mujeres. Siempre fue así. Si las mujeres quieren estudiar que lo hagan pero sus escuelas se llamarán “planteles”. Digo, es lo mismo, nada más cambia el nombre. ¿O qué, no les gusta la palabra “plantel”? Todavía que se les da el derecho y andan de limosneras con garrote.
Del mismo modo si hacen una empresa no deberían hacerlo como Sociedad Anónima. Ese nombre debe ser únicamente para empresas con socios varones. Que si se juntan mujeres se llamen “asociaciones con carácter mercantil” y ya. O algún otro nombre de segunda división, que el principal ya está reservado. ¿Que por qué hay que usar un nombre diferente para hablar de lo mismo? Pues porque siempre las sociedades anónimas eran de hombres, porque las mujeres estaban en casa pariendo y bordando. Típica familia tradicional. Así era antes, pregúntenle a sus tías.
Entonces que el Frente por la Familia siga. Por los niños. Por fin alguien piensa en los niños que se quedan en guardería o con los abuelos o en “day-care” en su kínder porque sus mamás están haciendo cosas que sus tatarabuelas no hacían. ¿O qué, sus tatarabuelas fueron a la universidad? ¿No, verdad? Eso era una familia tradicional.
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¿A poco no suena absurdo quitarle a las mujeres el lugar en la sociedad que se han estado ganando con enormes y admirables esfuerzos? ¿No le es obvio a cualquier hombre que la tarea está incompleta y que lejos estamos aún de la justicia? ¿Se justifica invocar libros religiosos para negarles derechos? ¿Si una mujer estudia lo mismo que un hombre, no debe tener el mismo título profesional sin que le cambiemos el nombre “por haber sido obtenido por una mujer”? Si nuestras tatarabuelas se quedaron en casa, ¿nuestras esposas, hermanas, hijas, amigas, deben quedarse también?
Bueno, pues así de absurdo suena negarle derechos a los homosexuales.
No a discriminarlos por razones religiosas.
No a llamarle diferente al mismo acto jurídico.
No a prohibirles, en nombre de una familia tradicional, formar la que ellos consideren, con los mismos requisitos que se le pediría a cualquier persona.
Porque SON como cualquier otra persona.
Aunque a algunos se les olvide.