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Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores

Imaginen un lugar en donde unos campesinos siembran algún tipo de vegetales, y los habitantes de las ciudades los compran porque saben bien en ensaladas.

Imaginen que el precio de esos vegetales es de $30 el kilo en un momento dado.

De repente un año el precio se va a $35, porque hubo mal clima. Entonces hubo menos producción y subió el precio. Al año siguiente el precio bajó a $25 porque sucedió lo opuesto y los campesinos produjeron mucho más de lo habitual.

Todo iba marchando más o menos de esa manera hasta que llegó El Gobierno Bueno. Ese Gobierno Bueno no era de permitir que los precios los determinara el mercado, no señor. El Gobierno Bueno estaba a favor de ayudar al pueblo bueno, porque en ese lugar todo era bondad digna de Cartilla Moral.

“¿Trabajar de sol a sol, estar horas agachado pizcando los vegetales, para que nuestros campesinos buenos reciban en promedio solo $30 el kilo por sus vegetales? No, señor. Eso lo hacían los Gobiernos Malos y dónde estabas cuando y callaste como momia”, dijeron los voceros del Gobierno Bueno. A partir de ahora el precio será de $200. Claro que es justo: eso permite que los campesinos ganen más. ¿O qué, quieres matarlos de hambre, maldito facho?”.

Entonces el Gobierno Bueno quiso ayudar a los campesinos buenos con un precio bueno de $200.

Qué bueno que ahora sí el Gobierno Bueno ve por los pobres.

Pero pasan algunos meses y la situación no va TAN bien. Sí, el precio del vegetal es ahora de $200 y los campesinos le ganan mucho.

O le ganarían, si vendieran.

Porque el 99% de los que compraban ese vegetal a $30 pesos ya no lo compran ahora que vale $200. Sí, el vegetal sabía muy bien con limón y Tajín, pero casi nadie quiso pagar 600% más. Empezaron a comprar algunos productos sustitutos como la jícama o la zanahoria, que más o menos saben igual y tienen las mismas proteínas y minerales.

Fracasó el proyecto del Gobierno Bueno. Quiso ayudar a los campesinos buenos, a diferencia de los Gobiernos Malos. Pero a los campesinos les iba peor. Parece que era mejor negocio vender 100 kilos de producción a $30 que vender 50 gramos a $200 y que se pudriera lo demás.

Quién lo hubiera dicho.

Entonces el Gobierno Bueno se puso a arreglar otro problema, esta vez del lado de los compradores. Y es que tampoco iba bien la economía en general y los sueldos de las familias no eran buenos y encima pagar mucho por los vegetales, pues no. Los gobiernos malos exprimían a las familias buenas, pero eso ya no iba a pasar más. Entonces salió un decreto, porque el Gobierno Bueno creía que las cosas se resolvían por decreto.

“Para favorecer a las familias buenas, ahora el precio de ese vegetal será de $3. Imaginen, con el Gobierno Malo si tenías $300 te alcanzaba para 10 kilos solamente de vegetal. Pero ahora con el nuevo precio de $3 ya te alcanza para 100 kilos. Gracias a este decreto se multiplicó por 10 el poder adquisitivo de las familias buenas”.

La gente no cabía en sí de alegría. Por fin eran escuchados desde el Gobierno Bueno. Seguirían llevando sus mismos $30 para vegetales, pero regresarían con 10 kilos en vez de uno. Hasta podrían regalarle vegetales a los vecinos. Qué maravilla. Todos a comprar.

Y llegaron a comprar muy felices.

Pero no había de ese vegetal.

Porque los campesinos no iban a partirse el lomo durante toda la temporada agrícola para vender su producto a $3. Entonces mejor sembraron elotito, trigo o cualquier otra cosa. Pero no ese vegetal de $3.

“Era mejor cuando costaban $30. Al menos había y podías comprarlos de repente. Ahora que cuestan según esto $3, la verdad es que no existen. Era mejor la situación anterior…”.

Tras esos dos descalabros del Gobierno Bueno, la gente estaba confundida. “¿A poco los precios en un mercado con competencia, con libre producción, bajas barreras de entrada y presencia de productos sustitutos son algo más que números arbitrarios impuestos por el gran capital? ¿A poco son mecanismos que dependen de la participación de miles de productores y millones de consumidores, que equilibran la cantidad entre lo que los campesinos están dispuestos a producir con el que las familias están dispuestas a comprar?”, se preguntaban.

“Sí”, les dijo uno que ya había entendido.

“No podía saberse”, dijo el Gobierno Bueno. “No es culpa de nadie”, dijeron sus porristas. “Nosotros no votamos por esto”, dijeron sus facilitadores.

“En realidad sí habían votado por eso”, dijo el narrador con voz de Enrique Rocha.

“¿Quién lo hubiera dicho?”, preguntaban sorprendidos.

Pues lo hubiera dicho, y en realidad lo dijeron, cualquiera que hubiera tomado el curso más elemental de Microeconomía Básica.

Claro, no todos tienen acceso a ese tipo de cursos. ¿Quién más lo habría podido decir? Quien haya vivido en tiempos de Echeverría y López Portillo. Quien haya visto la recurrente situación con los populismos latinoamericanos. Quien haya visto lo que pasó en Venezuela desde que llegó Hugo Chávez.

Back to the future, ahora tenemos al Gobierno Bueno de México decretando incrementos importantes del salario mínimo. Y tenemos a muchas personas aplaudiendo que las cosas van a mejorar por decreto.

Pero ya a estas alturas deberíamos saber que no es así.

Un salario mínimo más alto no va a causar inflación, es cierto. Porque el salario promedio es mucho mayor. Pero por esa misma razón va a beneficiar a muy pocos.

Habrá quien diga “pues con que ayude a 100 nada más es suficiente”. De entrada suena bonito ayudar a ese pequeño grupo. Claro.

El problema es a costa de quién queremos beneficiar a esos 100. A quién le estamos cargando la mano. ¿Es a las empresas más grandes de México, esas empresas que tienen decenas de miles de empleados y venden miles de millones de pesos al año? ¿A poco estoy diciendo que esas empresas van a sufrir por pagarle un poco más a unos pocos?

No. Para nada.

Pero las microempresas sí. Esos changarros formales que son propiedad de personas que arriesgaron capital y tranquilidad para emprender, y a quien este gobierno ha tratado de la peor manera posible. Ese microempresario que sabe que en todo el mundo se apoyó a negocios como el suyo, y que en México ni las gracias le dieron. Ese al que no le permitieron diferir el pago de impuestos, al que lo obligaron a cerrar por meses sin indemnización, a quien el SAT está cazando inmisericordemente, al que la CFE puntualmente le envió recibos cada vez más caros con amenaza de corte. Es a ese microempresario al que le están cargando la mano para cubrir con el incremento del salario mínimo.

Y muchos no van a poder.

Y van a cerrar. O se van a ir a la informalidad.

Y varios empleados que ganaban $100, y ahora por decreto cobrarían $115, pues se quedarán sin chamba.

Ese empleado bueno va a ver que estaba mejor CON trabajo de $100 que SIN trabajo de $115.

Porque cuando por decreto el Gobierno Bueno aumenta en ese monto el salario mínimo, en medio de la mayor recesión económica desde 1932, que a muchas empresas las tomará en semáforo rojo, lo que está haciendo es condenarlas a cerrar o a pasar a la informalidad.

Y ese empleado bueno al que querían ayudar acabará peor. Es que la película la hemos visto muchas veces en Latinoamérica. Pero parece que es como Los Simpson: aunque la hayamos visto muchas veces, siempre podemos ver otra vez los capítulos. Ya lo dijo José Alfredo en el fragmento de canción que da título a estas líneas.

“Bueno”, dirán los que apoyan estas medidas porque odian a los empresarios grandes, “pero esto como quiera en algo afectará a los billonarios FORBES y al menos les quitamos algo y lo repartimos a los de abajo”.

Pero resulta que no están tomando en cuenta algo: México es un país intensivo en mano de obra porque los sueldos son bajos. Es decir, un restaurante mexicano tiene muchos más empleados que otro equivalente en Estados Unidos o Europa. ¿Pero qué pasa a medida que aumentan los salarios? Pues que van automatizando, optimizando, cambiando procesos. Y en vez de la seño que gana salario mínimo en la recepción pones un conmutador. En vez del que gana salario mínimo en el restaurante de comida rápida pones una máquina que tome órdenes. En vez de que haya un regimiento de meseros y garroteros pues que a cada uno le toquen 8 mesas en vez de 6. En vez del empleado en el punto de servicio en alguna plaza comercial, que sea vía la app.

Y es que los empresarios grandes tienen los recursos para hacer las inversiones necesarias para prescindir del personal que dé menor valor agregado. En algunos casos no las hacen porque el salario mínimo está en $100 y para qué le mueves. Pero si está en $115 es más probable que lo hagan. Y en $130 aún más. ¿Y en $145? Puedes apostar que lo van a hacer. Pagarán buenos sueldos a personas preparadas de consultoría para que optimicen la operación de su empresa y prescindan de las personas que menos aportan, pero que proporcionalmente cada vez cobran más.

Entonces los incrementos de salarios mínimos claro que ayudarán a mejorar los salarios promedio. Pero de los que tienen MBA en universidades gringas y son expertos en reingenierías que dejen sin trabajo a los trabajadores de abajo que serán cada vez más caros.

¿Cuál es entonces la salida? ¿Cómo mejoramos los salarios promedio? ¿Cómo hacemos irrelevante el tema del salario mínimo? Ya lo comenté más ampliamente en un artículo anterior. Pero va de nuevo de forma breve: si hoy hay 10 empresas en una actividad X en la región Y, los sueldos subirán de manera importante cuando en esa actividad X en la región Y haya 30 empresas. Para eso se necesita hacer justo lo contrario a lo que este Gobierno Bueno está haciendo.

Por eso, como no están haciendo la tarea que hay que hacer para lograr buenas calificaciones, quieren decretar que son un Gobierno Bueno.

No lo son.

De empresarios maratonistas

Imaginen ustedes que ven en un comentario de Facebook, una foto de INSTAGRAM, una bio de Twitter o en un chat de Whatsapp que alguien pone “3 veces IRONMAN, 19 veces maratonista, 2:54 mi mejor tiempo” ¿Cuáles suelen ser las reacciones? “Wow, muy bien”, “qué orgullo”, “eres una inspiración”.

Y sí, correr es un excelente ejercicio y para lograr terminar 19 maratones se necesita mucha disciplina, esfuerzo, mentalidad, foco, entrenamiento.

Ahora imaginen que esa misma persona (o cualquier otra, da igual) publica algo del estilo de “empecé con una taquería en un carrito afuera de mi casa, hoy tengo ya una cadena de 20. Doy empleo a 250 personas, mis utilidades netas el año pasado fueron de $18,000,000 y estoy muy contento porque me compré un Ferrari”. ¿Qué reacciones tendría esa publicación? “Pinche mamón”, “pégame por preguntón”, “habiendo tanto pobre y tú presumes tu carrazo”, “qué mal gusto la ostentación”.

Es curioso. Desde luego que tiene muchísimo mérito terminar un IRONMAN. Pero no menos mérito es progresar económicamente. Sí, hacer ejercicio mejora mucho tu salud, y qué bueno. Pero generar 250 empleos le cambia la vida a igual número de familias. Para tener utilidad neta hay que pagar impuestos, con lo que compartes tus utilidades con los demás (o eso pasaría si el gobierno hiciera buen uso de ellos, pero ese es otro tema). La compra del Ferrari puso contento al concesionario y más contento todavía al vendedor. Además, una cadena de taquerías vende tacos y los tacos son fuente de felicidad.

Hay muchas razones para sostener que le hace mucho más bien a la comunidad en su conjunto un empresario exitoso que genera empleos, paga impuestos y nos provee de tacos que un corredor, que no beneficia en la misma medida a los demás. Sin embargo, ¿a quién considera la sociedad egoísta, malo, sospechoso? Al empresario. En mayor o menor medida esto pasa en todo el mundo, pero en países latinoamericanos pasa mucho más. En México en general esa es la idea dominante, y del 2018 para acá eso se ha recrudecido.

Imaginen que pudiéramos pedir un deseo: que aparecieran en México mañana 10,000 empresarios que dieran cada uno 250 empleos, o que aparecieran 10,000 nuevos maratonistas. Creo que es obvio que lo primero sería más benéfico para la sociedad en su conjunto. Pero no es eso lo que en general se fomenta, no es lo que se ve bien, no es lo que se aplaude.

Las generaciones de niños más pobres de México, los de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, llevan 40 años estudiando con maestros CNTE (cuando los maestros CNTE se dignan a dar clases). ¿Qué tan probable es que de ahí salgan muchos con ganas de emprender negocios formales, de arriesgar, de crecer, de dar empleo, de pagar renta, de pagar a proveedores, de pagar impuestos, de pagar contribuciones sociales y de todo lo demás que implica tener una empresa para, después de hacer todo eso, quedarse con el remanente, es decir las utilidades, para que su familia y ellos mismos disfruten de ellas? La CNTE ODIA a los empresarios en general. Con una concepción marxista de la economía, incluso ese que empezó con un solo puestito de tacos y hoy tiene una cadena es un explotador. Haga lo que haga, trate como trate a los empleados, les pague lo que les pague, intrínsecamente es una persona mala. Desde luego que la CNTE agrava todo en donde más se necesita tener espíritu emprendedor. Pero en general el resto de México es igual, con contadas excepciones (en Monterrey, en León, en Cancún, por poner algunos ejemplos, una mayor proporción de la sociedad ve bien a los empresarios).

¿Quieren una comprobación adicional de lo que les comento?

Platiquen esto con alguien más. Digan que una persona es IRONMAN y triatleta y corre maratones. Así sin más. ¿Qué tan probable es que le pongan una objeción? Muy pocas.

Ahora digan que esa misma persona es empresaria, el año pasado ganó varios millones y se compró un Ferrari. Les garantizo una retahíla de “ha de ser prestanombres empresario corrupto amigo de qué diputado será lavador de dinero no paga impuestos claro pagando sueldos de miseria empresario trinquetero puro outsourcing ha de ser no da kilos de a kilo si es mujer con quien se acostó para lograrlo claro con papá rico yo también me hago empresario”.

No quiere decir que no haya empresarios corruptos. Claro que los hay. Pero también hay corredores corruptos. El ejemplo más famoso tal vez es Roberto Madrazo, que en vez de número de corredor debió portar en el pecho las placas del taxi que lo llevó hasta la meta. En el Maratón de Ciudad de México por ejemplo han descalificado por tramposos a casi el 20% de los que supuestamente terminaron la carrera. Eso es un porcentaje altísimo. Quiere decir que en promedio podríamos desconfiar de 1 de cada 5 personas que presuman logros atléticos importantes.

Sin embargo no lo hacemos. Si alguien pone que corre y hace maratones y hace muchos kilómetros en bicicleta y terminó el IRONMAN, de entrada se la damos por buena. Lo puede presumir en redes y tendrá aplausos. No tiene que justificar “pero yo sí corrí de verdad, ¿eh?”. Tiene la ventaja de que correr es bien visto. Y qué bueno que lo sea. Y qué bueno que no desconfiemos en automático de un maratonista porque hay maratonistas tramposos.

Pero si alguien pone que creció su negocio y generó muchos empleos y gana mucho dinero y lo gasta en lo que se le antoje de entrada NO se la damos por buena. No lo puede comentar en redes, y si lo hace recibirá abucheos. Va a tener que justificar que sí paga impuestos, que su lana no es de contratos con el gobierno, que no es prestanombres de alguien, que paga sueldos y prestaciones de ley, y que le entrega a sus clientes el bien o servicio por el que le pagaron. Tiene la desventaja de que ser empresario está mal visto. Y qué malo que lo sea. Y qué malo que desconfiemos en automático de un empresario porque hay empresarios tramposos.

¿Que le Vaya Bien al Piloto?

BUENA RACHA

ALMO está enrachado en los últimos días. Si hablamos solo de la última semana, casi todo le ha salido bien.

–       Convenció a seis cobardes ministros de avalar una consulta con los argumentos más absurdos.

–       El congreso pasó la militarización de todos los puertos del país.

–       Terminó con los fideicomisos. Cambian las reglas claras y los presupuestos multianuales y a partir de ahora si alguien quiere dinero lo tiene que convencer a ÉL.

–       Los organismos reguladores del sector energético siguen dinamitando ilegalmente la Reforma Energética.

–       El TEPJF ordenó que se nombrara al nuevo dirigente de MORENA en una encuesta, método que no está en ninguna parte de los estatutos del partido pero que él propuso sin tener atribuciones para ello.

–       Tiene teflón ante la pandemia: los muertos se apilan, su rockstar sentencia como Filósofo de Güemes que los que fallecieron, fallecieron, y aquí no pasa nada.

–       En medio de la peor crisis de la economía mexicana desde 1932, en el presupuesto del año siguiente están asegurados tres proyectos (Dos Bocas, Santa Lucía, Tren Maya) que en circunstancias de bonanza serían una estupidez sin sentido pero que en época de depresión económica rayan en la negligencia criminal.

–       Subió su popularidad personal en las encuestas en todos los medios.

–       Todos los sondeos sin excepción confirman que, si hoy fueran las elecciones del 2021, MORENA arrasaría.

ALMO quiere concentrar el mayor poder posible. Y le está saliendo de maravilla. Le va muy bien.

MALA RACHA

Los que no están tan bien son los mexicanos. ¿Por dónde empezamos, basados solo en datos oficiales?

–       México ya es de los 10 países de más de un millón de habitantes con más muertes per cápita en cifras oficiales, que son 40% peores que el “escenario muy catastrófico” que el propio gobierno definió. El dato de muertes en exceso reconocido por fuentes oficiales es por lo menos de otro tanto igual.

–       En época de EPN un alto porcentaje de las compras públicas no eran por licitación abierta. ALMO prometió llevar ese nivel a cero, y no solo no lo cumplió sino que ahora hay MÁS adjudicaciones directas.

–       ¿Qué podemos decir de seguridad? En lo que va del sexenio ha habido más asesinatos que en el mismo periodo del de EPN y Calderón SUMADOS. Queda para la estadística que desde que se mide la violencia, en este sexenio hemos tenido el año más violento, el mes más violento, la semana más violenta y el día más violento. Todos los records superados.

–       En cuanto a economía, este año se tuvo la caída trimestral más importante del PIB desde que se mide. En 2019 tuvimos la primera caída de la economía por razones internas del milenio.

–       Este año terminará con al menos 10 millones de personas adicionales por debajo de la línea de la pobreza.

–       No hay medicinas para niños con cáncer. El IMSS bajó en 2019 de manera importante su nivel de vacunaciones comparado con 2018. El INSABI nació muerto.

–       La inversión fija bruta está en niveles que nos hacen saber que hacia adelante el futuro no será promisorio. Lo de México no es un pequeño bache que se superará en un par de trimestres.

A los mexicanos en el día a día les está yendo peor. Peor en su seguridad. Peor en su economía. Peor en la atención de su salud. Peor en la perspectiva de futuro.

EL PILOTO DEL AVIÓN

Mucha gente de buena fe repetía como mantra algo que sonaba muy bonito: “hay que desearle bien a ALMO, porque si le va bien a él, le va bien a México”.

Sonaba muy bonito.

Solo que era falso.

A ALMO le está yendo BASTANTE BIEN.

A México le está yendo BASTANTE MAL.

Recuerdo que ponían el ejemplo del piloto de avión. Si eres pasajero, te conviene que a quien vaya manejando el avión le vaya bien. Es obvio, ¿no?

Pues no.

Depende de cuál sea la intención del que lo va manejando.

Los que manejaron los aviones el 11 de septiembre lograron su intención. Se estrellaron en las Torres Gemelas. Pero eso no fue bueno para los pasajeros.

Los que iban en el avión de GermanWings que el copiloto deliberadamente estrelló contra los Alpes Franceses terminaron mal, aunque quien lo iba manejando logró su objetivo.

Mucha gente honesta se subió a un avión de MEXICANA DE AVIACIÓN hace muchos años en Monterrey, solo para acabar aterrizando en Cuba porque unos terroristas secuestraron el avión (por cierto, hablando de terroristas, un saludo a Rosario Piedra). No me parece que les haya ido muy bien siendo retenidos contra su voluntad en un país al que no eligieron ir, perdiendo todo un día, preocupando a las familias, sin llegar a sus citas de trabajo, sin poder continuar sus estudios, sin ver a sus seres queridos, siendo usados como monedas de cambio por unos cobardes asesinos.

Si el deseo del que maneja el avión es llevarlo al destino programado, pues claro. Ojalá que le vaya bien. Pasajeros y piloto quieren lo mismo.

Pero la analogía no aplica a ALMO. Porque a él no le importa la salud, la educación, la seguridad, el empleo productivo, la inversión, la transparencia, el combate a la corrupción en su sexenio. No.

A él solo le importa tener más poder.

Y lo ha conseguido. Ha sido muy exitoso.

Sin embargo a la mayoría de las familias mexicanas les va peor.


Buena racha para ALMO.

Mal sexenio para México.

Una Película de Terror

Una gran habilidad que tuvo ALMO durante la campaña fue engañar a todo aquel que se dejara engañar. En particular, muchos empresarios, comerciantes y profesionistas votaron por él porque les contó un cuento muy bonito: él no estaba de acuerdo en subir impuestos, y tampoco en expropiar las AFORES. Esos eran inventos desesperados del PRIAN. Entonces, decía él, “voten por mí porque todo va a seguir igual pero con menos corrupción”.

Ahí empezó una película de suspenso.

Porque los supuestos de ALMO eran muy sencillos. Él consideraba que no necesitaba subir impuestos y quedarse con lo de las AFORES porque:

1.       Él iba a aplicar una política de austeridad y acabar la corrupción. Eso iba a hacer aparecer mágicamente 500 mil millones de pesos al año.

2.       PEMEX se iba a convertir en una empresa rentable. Él iba a terminar con el huachicoleo de abajo, con el huachicoleo de cuello blanco y además a incrementar la producción de petróleo. ¿Pues qué ciencia puede haber en sacar petróleo del suelo? Es meter un popote. Como cereza del pastel de pejelagarto, en un par de años estaría operando Dos Bocas, una verdadera máquina de generar dinero.

3.       La recaudación de impuestos iba a subir porque la economía iba a crecer al 6% anual durante su sexenio. Antes no se crecía porque había malos gobiernos, pero con la 4T pues a crecer y crecer y cuídate Singapur que ahí te vamos. En 2020 todos los mexicanos verían a su alrededor y preguntarían “¿qué es esto, Suecia?”.

Esos tres puntos eran muy bonitos, agradables de escuchar, optimistas, con una bella historia de futuro, con el porvenir en el horizonte.

Pero eran falsos. Y eso, perdónenme que se los diga, sí podía saberse.

En los debates los demás candidatos se lo dijeron. Los analistas serios sacaban la calculadora y no les daba. Cualquiera que se haya asomado al Presupuesto de Egresos de la Federación sabía que sus números no cuadraban. Quien viera que en su equipo estaba Bartlett (el político más deleznable en México de los últimos 60 años), Napito, Guadiana, Salgado Macedonio, Bonilla y resto de fauna (además de Bejarano y su señora, o de Claudia Sheinbaum ex de Ímaz) no podía tomarse en serio que su interés era acabar con la corrupción ni de arriba ni de abajo ni de en medio. Además, con el desprecio que siempre le tuvo ALMO a la reforma energética era obvio que no se podía llegar al nivel de inversión privada necesaria para alcanzar el 6% de crecimiento (que con la pública no es suficiente lo sabe cualquiera que en la prepa haya llevado Economía Básica).

Entonces los que creyeron sus supuestos alegres y votaron con él a cambio de sus promesas que sonaban bonito, se están enterando de que son protagonistas de una película de suspenso.

“No seas injusto con él”, me podrán decir. “Hasta el momento no ha incrementado impuestos ni se ha agandallado las AFORES”. Hasta el momento eso es cierto. Por eso estamos en una película de suspenso. Vamos a ver qué ha sucedido.

Como en 2018 no encontraron los 500 mil millones de pesos por ningún lado, hicieron el presupuesto para 2019 confiando en un fuerte incremento en la producción de PEMEX y en sus resultados operativos, además de insistir en que se iba a crecer la economía al 4% (luego le bajaron a 2%, luego al 0% y resulta que la economía decreció).

¿Y qué hizo la 4T cuando los números no dieron? Empezar a comerse el Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros, el FEIP. Eran casi 300 mil millones de neoliberales pesos que los tres presidentes anteriores le dejaron. Pues de ahí le empezaron a tomar para ir tapando huecos. Tal vez alguno de mis siete lectores recuerda lo que escribí de “Vacas Flacas y Vacas de Panza Normal”, ahí comenté de eso antes de que efectivamente pasara.

A finales de 2019 la 4T hizo el presupuesto para este 2020. Todo lo que no pudieron hacer el 2019 (encontrar mucho dinero fruto de corrupción, sacar más petróleo, aumentar las utilidades de PEMEX) dijeron que lo iban a hacer ahora sí sin falta en 2020.

Volvieron a fracasar. Y no, no es la pandemia nada más. El primer trimestre la economía tuvo una caída importante. Se considera que el PIB mundial en 2021 caerá el 4% y el mexicano el 10.5%. Entonces le podemos cargar al COVID 4% y los restantes 6.5% agradézcanselo* a la 4T por no hacer nada para reactivar la economía (que tal vez alguno de mis seis lectores** recuerda que aquí les platicamos que eso iba a pasar, en un artículo que se llamaba “Hibernación”).

“Pero este 2020 tampoco subió impuestos ni expropió AFORES”. Cierto. Porque está haciendo otras cosas: se terminó ya completo el FEIP, ya se había quedado con el uso discrecional de fideicomisos etiquetados (engañando todavía a algunos ingenuos que creen que el uso discrecional es más transparente que el etiquetado). Y ayer dieron otro paso más, depredando los fideicomisos que apoyan a las artes, cultura, deporte de alto rendimiento, desastres naturales, prevención de enfermedades catastróficas, medio ambiente, derechos humanos, protección a periodistas, educación superior, ciencia y tecnología.

En esa película de suspenso estamos.

¿Por qué le puse a este artículo “Una Película de Terror”? Primero porque mañana empieza octubre, el mes de Halloween.

Y segundo porque tendrá que ser muy distraído el que no se haya dado cuenta de hacia dónde va la trama.

A finales de 2018, al presupuestar 2019, no subieron impuestos ni expropiaron AFORES porque confiaron en sus supuestos alegres.

En 2019, al ver que no se cumplieron sus supuestos, echaron mano de A, B, C, D, E, F, G, y H guardaditos. Cumplieron su promesa.

A finales de 2019, al presupuestar 2020, no subieron impuestos ni expropiaron AFORES porque confiaron en sus supuestos alegres.

En 2020 al ver que no se cumplieron sus supuestos, echaron mano de I, J, K, L, M y N guardaditos. Cumplieron su promesa.

Ahora, a finales de 2020, al presupuestar 2021, no subieron impuestos ni expropiaron AFORES porque confían en sus supuestos alegres y bueno, tal vez ya no tanto porque van a echar mano de O, P, Q, R, S y T guardaditos. Robo en despoblado porque dejarán los fideicomisos en ceros, pero las obligaciones que se tienen continúan. Solo que en vez de cubrirlas usando recursos específicamente destinados a ellos, ahora tendrá que salir de gasto corriente.

Durante 2021 no se cumplirán sus supuestos alegres. Y cuando volteen a ver los guardaditos, ya no van a estar. No son ocurrencias mías o de partidos de oposición (que he leído que siguen existiendo aunque no estoy tan seguro). Lo dijo Arturo Herrera, el subsecretario de Hacienda (el titular real de Hacienda dobletea como presidente). De repente podrá pescar algo que haya sobrado en U, otro poquito de V, el remanente de W, al grito de “¿quién necesita quimioterapia” le recortarán a X, y alguien descubrirá algún ahorro en un fondo o fideicomiso Y o Z.

Y entonces habrá dos opciones en 2021. O ALMO dice “se acabó la lana. Con efecto inmediato se suspende la construcción de Santa Lucía, Dos Bocas, Tren Maya, se cancelan todos mis programas asistenciales que no tengan reglas de operación, y declaro que ProBeis deja de contar con recursos”, o habrá que encontrar más lana.

Lo primero, que sería lo sensato, creo que no lo verán mis ojos. Para ALMO sus caprichos son más importantes que el bienestar el país, porque él piensa en su megalomanía que sus caprichos SON el bienestar del país.

Entonces la 4T necesitará más recursos para seguir tirando a la basura en las tonterías de ALMO.

Y ya no va a haber guardaditos, FEIP, fondos, fideicomisos, ahorros, colchones. No.

Por lo tanto tendrán que pensar en nuevas maneras de quitarle dinero a la población productiva, porque a sus animalitos no los va a enseñar a pescar.

En ese momento se termina la película de suspenso.

Ahí empieza la película de terror.

* Una palabra sobreesdrúujula

**Usualmente me empiezan a leer siete pero a medio artículo solo llegan seis. El otro ya se aburrió.

El Niño Berrinchudo

Es natural que un bebé de meses llore mucho, a todas horas, por todo. Los que somos papás nos preparamos mentalmente para ese proceso cuando va a nacer nuestro primer hijo… pero no tenemos ni idea hasta que lo experimentamos. Poco a poco el bebé va creciendo, uno aprende a detectar desde que los escucha llorar qué es lo que tiene (“eso es hambre, eso es de pañal, eso es de airecito”) y los va educando paso a paso.

A cierta edad, un niño ya no debería hacer berrinche por todo. Claro, seguirá siendo demandante y todo niño debe tener su dosis de abrazos y besos y apapachos. Pero también entra el momento de decir que no. Un niño de 5 años ya debe entender que no es el centro del mundo, que su mamá tiene vida, que su papá tiene vida, que a veces mamá y papá quieren estar solos, que hay horarios, que hay baños, que hay alimentos que se deben consumir y otros de los que no hay que abusar, que “no” es “no”, y que por más berrinche que haga, no siempre se va a salir con la suya. Ese proceso lleno de trompicones les va dando madurez, y esa madurez es lo que les debe quitar lo berrinchudo.

Pero hay casos en los que eso no se da. El niño se vuelve un pequeño tirano, y en vez de ir madurando se convierte en el jefe de la casa, y todo gira en torno a ellos. De repente se los topa uno en los consultorios médicos o en los restaurantes, destruyendo todo a su paso, haciendo demasiado ruido, molestando a los de las otras mesas, ante la pasiva mirada de los papás.

¿Quién tiene la culpa, el pequeño tirano berrinchudo o los papás? En mi opinión, es un sistema que se va retroalimentando. El niño da órdenes porque le funciona, los papás le cumplen todos sus caprichos porque le temen, entonces el tiranito exige más y los papás lo siguen consecuentando.

Ese el mejor resumen que puedo hacer del funcionamiento interno de la 4T.

No es necesario darle vueltas: la idea inicial de Don Ganso Necio de realmente rifar el avión es extraordinariamente estúpida. Y eso es justo lo que propuso. Cuando se lo comentaron a Jiménez Espriú sin que supiera quién lo había propuesto, soltó la carcajada. Luego le dijeron quién había sido y ya matizó. El adulto no quiso contradecir al tiranito berrinchudo a pesar de que la idiotez de la propuesta era obvia. Ningún otro de los que lo rodean se deslindó. Al contrario, lo elogiaron y trataron de hacerlo realidad. Cuando algunos comentamos que quien se lo llevara tendría que pagar millones de pesos en impuestos, Claudia Sheinbaum dijo que ella los condonaba en CDMX (cuando pocos meses antes ellos presumían que habían cambiado leyes para evitar justo eso, que se perdonaran impuestos). Cuando se mencionó que el 99.99% de los mexicanos no podría pagar su costo de operación aunque se lo dieran gratis, algún otro dijo que entonces el avión vendría con dos años de gastos incluidos (lo que es absurdo dado que esos gastos podrían subir astronómicamente si el ganador decidiera usarlo diario para volar a donde se le ocurriera), y así siguieron los supuestos adultos cumpliendo berrinches. Cuando fue obvio que la idea era impracticable, decidieron la rifa no rifa del avión no avión, y siguieron hablando de esa reverenda estupidez como si de verdad se rifara el avión. El director de LOTERÍA NACIONAL salió llorando de felicidad con su cachito en una Mañanera, y así todos estuvieron dispuestos a cambiar leyes o a ignorarlas antes de decirle al pequeño tirano que no tenía la razón en algo.

Parece una anécdota menor, pero no lo es. Tirano Ganseras hizo una gira en agosto, y puso en sus redes sociales que estaba en “Gómez Palacio, Coahuila” cuando algo de cultura general te hace saber que es “Gómez Palacio, Durango”. Para haber dado 100 vueltas al país tiene muchos episodios de ignorancia, pero el tema como tal no debería dar para mucho. El señor se equivocó, todos lo hacemos, aquí no pasa nada. Se corrige la publicación, y ya se puede elegir si se toma con humor o simplemente se le ignora. El presidente actual se equivoca en algunos detalles, el anterior también, el anterior del anterior también, y los que sigan también. A darle vuelta a la hoja.

Pero no. Porque cuando se dio ese error, Antonio Attolini acudió a Twitter a decir textual “Hizo bien. Ya deberíamos ser un solo estado, el de la Laguna”. ¿Se dan cuenta de cómo se van retroalimentando el niño berrinchudo y los adultos con miedo de molestar al tiranito? Entiendo que Attolini no quiera criticar al jefe de su jefe, quien le regaló un puesto para el que no tiene la más mínima preparación y cuya inexperiencia ha costado muchas vidas. No estaba obligado a corregirlo, ni siquiera a justificarlo. Ese asunto intrascendente daba para 8 horas de memes y ya. Pero no, había que decirle al niño berrinchudo que hizo bien, aunque evidentemente no era así, ni le pasó por la mente al tiranito crear un nuevo estado, ni le llamó Gómez Palacio, Laguna.

Me detengo con estos dos casos, pero ejemplos ya hay cientos. La cancelación del NAICM, la ubicación de Dos Bocas, el Tren Maya, la aplicación de justicia por votación popular, el agrónomo en PEMEX, Nahle con los árabes, no usar cubrebocas ni hacer pruebas, cortar 75% el gasto corriente, Taibo en el FCE, Piedra en la CNDH… pésimas decisiones a todas luces, sin que ninguna de las personas a su alrededor se atrevan a alzar la voz y solo un grupo muy pequeño se ha atrevido a bajarse del barco.

¿Por qué Tirano Ganseras es caprichoso? Porque le funciona. Porque está rodeado de personas que están dispuestos a todo por complacerlo, sin importarles que se lleven al país y sus instituciones entre las patas. Y porque es un narcisista sumamente acomplejado.

¿Por qué los que le rodean se lo permiten? Hay dos razones principales:

1.       Por miedo. Los que le rodean han visto cómo les va a los que se rebelan. Cómo desde el púlpito de las mañaneras se señala al que se considera enemigo, cómo la UIF le congela las cuentas a quien estorbe al grito de “el patrón ya dio la orden”, cómo se hace renunciar con amenazas incluso a los que no dependen nominalmente de la 4T, cómo se usa a los órganos no solo del gobierno sino incluso del estado (Sanjuana, Jenaro Villamil) para destruir reputaciones… Eso al principio es divertido. “Mira, el tiranito ya corrió a Fulano jajaja, el tiranito le congeló las cuentas a Zutana jejeje”, y así hasta que caen en cuenta de que los que siguen pueden ser ellos. Les consta lo vengativo que es el jefe, y no quieren ser los siguientes en la mira.

2.       Por ambición. En México antes había un pálido intento de autonomía en algunas instituciones, un incipiente servicio civil de carrera al menos en SHCP y SRE, y al menos hacían el intento de cubrir puestos con personas que si bien no eran honestas, al menos estaban preparadas. Ese mal remedo de meritocracia ha sido definitivamente reemplazado por un notable lamesuelismo. La única manera que se tiene ahora de ingresar a la 4T o ascender en el escalafón es mediante cubrir la única condición de nunca decirle que no al tiranito. Que sepa que sus deseos son órdenes. Que sus ocurrencias más ridículas son llevadas a cabo haiga sido como haiga sido, y que sus errores más intrascendentes son tratados de convertir en ideas geniales de estadista. Entonces siguen entrando personas que no son honestas, pero que además de todo no están preparadas. Y la 4T es la mayor muestra de que tanto corrupción como ineptitud son muy malas, pero que al final la ineptitud es mucho más costosa que la corrupción.

Por eso aquel director de LOTERÍA NACIONAL que lloró de emoción en la Mañanera fue ascendido ayer a un puesto más alto, por designación directa del tiranito. Le sirvió arrastrarse. Sus lágrimas le redituaron al 1000%.

Por eso Attolini era Coordinador Técnico de Vinculación Internacional del IMSS, el aparato de seguridad social más grande de México. Justo cuando pasó la pandemia. Justo cuando los niños se quedaron sin quimios. Justo cuando le cerraron la puerta a las farmacéuticas nacionales y no se pudo cubrir lo necesario con las internacionales. Attolini incluso le llamó “INSS” al IMSS en su carta de renuncia para tratar de llegar a ser secretario general del PRI en su versión MORENA.

Imaginen a un niño de 5 años absolutamente consentido, a quien se le cumple cada capricho, quien se sale con la suya en todo berrinche, porque los adultos a su alrededor tienen miedo de incomodarlo.

¿Qué tan probable es que ese pequeño tirano recapacite? Muy poco.

Pues eso.