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Apagando el incendio con gasolina (1.7.2014)

APAGANDO EL INCENDIO CON GASOLINA

Esta historia aplica para todo México. Pero la voy a enfocar en Chiapas, estado que conozco bien y en donde con tristeza siento que se ejemplifica perfectamente.

En Chiapas se detecta un problema (lo que no es complicado, saltan a la vista). El gobierno y la sociedad civil toman cartas en el asunto, y empieza un patético juego que no acaba nunca.

¿Que Tuxtla Gutiérrez ha crecido sin planeación y la obra pública es deficiente? ¿Que los gobernantes siguen comprando pavimento con baches (tal vez sea más barato)? Pues saquemos soluciones a la chiapaneca: Hay que crear un Instituto de Planeación que junto con un Consejo Ciudadano convoque a una Comisión que analice crear un Mecanismo que lleve a realizar una Convención que establezca las bases para una Mesa de Trabajo Interdisciplinaria que genere los consensos necesarios para que una Asamblea Plenaria dé el banderazo de salida a la Cumbre Sobre Resolución del Problema. La Cumbre sirve, desde luego, como punto de partida para que un Comité Ejecutivo se reúna con el Equipo Técnico bajo la conducción del Foro General que coadyuva a… pues a seguir pensando que se está logrando algo, cuando la realidad dice lo contrario.

He estado en conversaciones del estilo de:
-Oye, ¿no vienes hoy al Comité?
-¿Cuál? Yo estoy convocado mañana al Consejo.
– Pero es que éste es el bueno, porque acá está toda la gente cercana a MaVeCo.
– No, el de hoy es pura paja. El de mañana es el bueno porque va a estar Bayardo.
– Sí, pero aquí está el Consejo Consultivo Ciudadano.
– Pero mañana estará el Observatorio Ciudadano…

Y así, sin final. Le comentaba ayer a un amigo que ya no cabe en un tuit el nombre del evento en el que muchas personas de buena fe participan, haciendo el papel de “tontos útiles” (que no es insulto, es en el sentido marxista).

Sí, se han creado Institutos, Consejos, Planes Rectores y Comités. Pero los problemas no sólo siguen sino que se hacen más grandes. Porque la burocracia es una bola de nieve que crece y crece, y la falsa sensación de que se está logrando algo refuerza al ogro filantrópico (si ya citamos a Marx, que le toque también a Octavio Paz).

El gobierno debe volverse mucho más pequeño y eficiente. Enfocarse en asegurar el estado de derecho y brindar seguridad, educación y salud de calidad. En lo demás, que no estorbe y ya. México podría funcionar mejor con la mitad de secretarías de estado, por ejemplo. Pero temo que la mayoría sigue pensando “si algo es importante, el gobierno tiene que estar metido”. Pongamos por ejemplo al turismo. ¿Cuántos viajeros dejarían de ir a Cancún si desaparecemos la Secretaría de Turismo y la convertimos en una Dirección General dentro de la Secretaría de Economía, por decir algo? Yo creo que ninguno. Y sí nos ahorraríamos varios millones de pesos nada más al retabular a la baja a los funcionarios. No es simple terminología, es que si a un secretario se le pagan X pesos más Y prestaciones y debe tener un equipo de W personas (vamos a evitar la última letra, no vaya a ser), y de repente lo convertimos en Director, nos ahorramos mucho sin perder nada.

Algo que en México hacemos bien, por las razones que quieran, es la manufactura. Pues bien, no existe una Secretaría de Manufactura (y espero que nunca exista). Algo que en México hacemos mal, por las razones que quieran, es la agricultura. Y ahí sí tenemos secretaría (hasta dos, si contamos a la de Desarrollo Agrario). Más burocracia, menos PIB.

Celebro que muchas organizaciones de la sociedad civil (en Chiapas y el resto de México) quieran incidir en el progreso de su comunidad. Me consta que dentro de la burocracia hay gente honesta y de buena fe. Pero si seguimos tratando de resolver todo con el Comité del Consejo del Instituto del Foro del Acuerdo de la Junta del Programa de Do Pingüé, nada más estaremos recibiendo atole con el dedo por parte de un gobierno para el que toda esa faramalla le es más que conveniente.

Atacar los problemas causados por la burocracia con más burocracia es como querer apagar el incendio con gasolina.

CARS 2 (28.6.2011)

CARS 2

Jamás olvidaré su carita de expectación. La emoción contenida durante meses de espera. El pequeño suspiro de alegría cuando después de N anuncios salió la lamparita brincolina de PIXAR que tan bien conoce. Como con juguete nuevo, mi esposa.

Porque mis hijos se aburrieron como ostras, excepto en los 3 pinches minutos de carrera, donde para variar el Rayo vuelve a fracasar.

No dejemos caer a la CDMX

No dejemos caer a la CDMX       

 

Hace 15 años residir en la CDMX era sinónimo de convivir con la delincuencia común. Los que vivíamos en provincia sabíamos que no teníamos muchos de los satisfactores de la gran ciudad, pero que contábamos con una tranquilidad que nos compensaba.

 

Cuando en 2004 se hizo la gran manifestación en contra de la inseguridad, que AMLO llamó en un acto de comprensión política “Marcha de los Pirrurris”, para mí fue muy fuerte leer de primos y amigos la cantidad de veces que habían sido víctimas de la delincuencia. El número de autos robados, relojes arrancados o asaltos a mano armada era muy alto. No había Facebook ni Twitter por lo que mi universo era mis contactos en correo electrónico, pero definitivamente el problema estaba muy extendido.

 

Pero la situación empezó a cambiar. La tranquilidad en muchos lugares de provincia se esfumó. A mí me tocó el sexenio de Fidel Herrera y parte del de Javier Duarte en Veracruz, y fui sintiendo cómo se iba cerrando la pinza de un problema que parecía muy lejano y se fue extendiendo desde los remotos lugares con nombres de cárteles hasta literalmente nuestro vecindario. Y aunque también llegó la delincuencia común, no era esa nuestra principal preocupación, sino estar en el lugar inadecuado en el momento inadecuado frente a la bala inadecuada.

 

Y cuando los descabezados y colgados en los puentes peatonales eran noticia cada vez más común en provincia, las cosas en la CDMX empezaron a cambiar. No, no es que se haya reducido a cero el número de delitos. Pero había una tendencia a la baja, se dio una recuperación muy importante de los lugares públicos, creció un ambiente de tolerancia a minorías, y no parecía muy difícil elegir entre los problemas chilangos (que en un valet parking te robaran la llanta de refacción) y los problemas provincianos (amanecer en una olla de pozole).

 

Ahora la situación ha vuelto a cambiar. No, no porque en provincia se haya mejorado, al contrario. El mes pasado fue el más violento del milenio y es un monumento al fracaso de la “estrategia” de seguridad de EPN. Pero ya es inocultable la evidencia de la existencia del crimen organizado en la CDMX. No nada más el de las mafias de las delegaciones, no nada más el de los policías corruptos, no nada más el de los giros negros. No. El del crimen organizado como se entiende en otros lados del país, el que controla zonas enteras para extorsionar y conseguir puntos de venta de drogas, el que hace levantones masivos, el que está enquistado en Ciudad Universitaria, el que hace cada vez más un deporte extremo estar en la Condesa o en la Roma.

Y como en cada río revuelto, los delincuentes comunes hacen su agosto. Ya prácticamente no son noticia las fotos de “asalto a plena luz del día en la Avenida X” porque todos los días vemos varias.

Yo creo que un problema de México es su excesivo centralismo. Pero no es lo ideal resolver eso con el deterioro de la calidad de vida de los chilangos. Al contrario, todos debemos contribuir al rescate de nuestra capital.

 

Y como el gobierno no lo va a hacer y los demás estamos más lejos, pues la tarea principal le toca a los chilangos.

 

Que todos los días haya más chilangos con empatía, para dejar de lado la cultura del gandallismo y haya más solidaridad.

 

Que todos los días haya más chilangos conscientes, para que con algunos cambios de hábitos se reduzca la contaminación ambiental y la generación de basura.

 

Que todos los días haya más chilangos valientes, para que todo delito sea denunciado. De preferencia ante las autoridades correspondientes, pero en el peor de los casos en redes sociales.

Que todos los días haya más chilangos alertas, porque los delincuentes actúan muy cerca de su entorno. Hay que hacerles más difícil su labor.

 

Y por último pero no menos importante, que todos los días haya más chilangos con sentido común, para que entiendan que las quesadillas llevan queso.

 

A todos los mexicanos nos conviene una capital segura y habitable. No dejemos caer a la CDMX.

Estaba un día El Santos… (26.6.2010)

Estaba un día el Santos leyendo Las Intermitencias de la Muerte cuando…

-Santos, se acaba de morir Monsi.
-No la friegues, Cabo. Parece que fue ayer cuando prologó El Santos contra la Tetona Mendoza.
-Estás loco, mi Sanx. Fue hace más de diez años.
-Era de los pocos personajes reales que dibujaban Jis y Trino: Monsi, el Matemático Payán y la Cobra Bulmaro.
-Vamos a tener que ir con el Peyote Asesino a embriagarnos.

La legalidad del uso discrecional (25.6.2013)

LA LEGALIDAD DEL USO DISCRECIONAL

Les diré una conclusión sorprendente: En México los políticos roban mucho dinero. Haré una pausa para que digieran el comentario.

Bueno. Sigo. Todo dinero desperdiciado por los políticos es un robo a los mexicanos. Me voy a centrar en este comentario en lo que dicen las leyes (ya sé, no se respetan).

En el poder ejecutivo se ha avanzado mucho en el tema del manejo discrecional del dinero. Tras los escándalos de Salinas (que a decir de su antecesor en el cargo se robó la mitad de la “partida secreta”) se dejó de tener ese extrita legal. ¿Siguen robando? Sí, pero de otro modo. Deja más huella, es más fácil de rastrear (sé que los auditores sirven para poco, pero déjenme seguir con lo legal).

A mí me indigna particularmente el uso que se hace en el congreso de los recursos. No creo que diputados y senadores estén sobrepagados. Sus sueldos no me parecen desproporcionados si los comparamos con las responsabilidades que tienen. Pero lo que está pasando ahora con los senadores del PAN demuestra una práctica que es habitual en todos los partidos y lo que es peor, perfectamente legal: en las cámaras hay “extras” que dependen de la decisión de los coordinadores de las bancadas y de sus tesoreros. Bajo el rubro de “Ayudas Legislativas” pueden usar dinero sin rendir cuentas. No es casualidad que una vez que Cordero vio perdida por estatutos su batalla por quedar como coordinador, el siguiente paso fue pelear por el dinero. Hoy están más interesados los senadores por quién queda a cargo de la chequera que por ver quiénes negociarán las reformas.

Los $400,000 que les depositaron a cada senador, que viene de esa bolsa opaca, son un botón de muestra. Una hipótesis que hace sentido es que fue un dulce dado por Preciado para cerrarle las blanquiazules bocas a sus correligionarios. Pero más allá de quién lo autorizó, el problema es que eso es legal. No necesitó inventar una constructora y darse obra (ilegal. Lo hacen todos, pero es ilegal), no necesitó pedir el diezmo (ilegal. Lo hacen todos, pero es ilegal), no necesitó falsificar facturas (ilegal, lo hacen todos, pero es ilegal). No necesitó meter la información en fideicomisos para que estuviera reservada muchos años. Simplemente dio una orden y el dinero se depositó. Tal vez le cueste la chamba a alguien, si sigue el escándalo. Pero ni aunque tuviéramos un buen sistema de justicia (“y yo tan sólo soy un pobre soñador”) hay delito que perseguir.

El escándalo le tronó al PAN. Pero no olvidemos que todas las fracciones parlamentarias tienen acceso a esos recursos discrecionales. Y no muy recuerdo que alguna fracción alguna vez los haya regresado a la Cámara.

Me gustaría que hubiera una ley que eliminara esos recursos discrecionales que tanto benefician a diputados y senadores. El hecho de que esa ley la tengan que aprobar diputados y senadores me vuelve algo escéptico al respecto…